Patricio Fernández sobre el rol de la Convención Constitucional “Ahora si que si terminó la transición”

Convencional elegido como liberal y devenido integrante del colectivo socialista analiza los problemas comunicacionales, revisa la particularidad chilena y el nuevo ciclo que viene

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Patricio Fernández, escritor, fundador y exdirector de The Clinic, autodenominado amarillo; convencional constituyente por el Distrito 11, corazón de la resistencia a la nueva carta magna, elegido como independiente en cupo del Partido Liberal y hoy integrante del Colectivo Socialista al interior de la Convención, es un entrevistado especial.

Acostumbrado a estar en el otro lado del micrófono en una conversación apasionada, gritada, discutida como esas que ocurren en Cuba en el medio de un juego de dominó.  Si no fuera por el zoom habrían volado fichas.

Hace unos días, la Convención decidió la creación de una Comisión de Comunicaciones en base a una reflexión que incorpora distintos puntos de vista, uno de ellos referido a que la comunicación desde el organismo es deficitaria por su lenguaje poco ciudadano y otro que plantea que existe un sesgo informativo en los medios de comunicación. ¿Tú compartes alguna de estas visiones o tienes otro diagnóstico respecto a las dificultades de comunicación de la Convención?

La Comisión de Comunicaciones formó parte de las comisiones de instalación de la Convención y que su tarea no era llevar ni manejar las comunicaciones de la Convención, sino que mostrar lo que se tenía que solucionar. No éramos ni los asesores comunicacionales ni los encargados de la página web sino que éramos los que diseñábamos lo que se tenía que hacer, así que nuestras preocupaciones eran cómo realizar el archivo de la Convención, el lenguaje que se tiene que utilizar, cuáles son los medios que se tienen que desarrollar, cómo se podría dar la educación cívica, en fin, esos lineamientos.

Ha habido acá, sin duda, dificultades para tener una buena comunicación institucional de la Convención. Y ha habido medios que han apostado, inicialmente, al fracaso de la Convención, lo que es bastante evidente. El Mercurio ha tenido una línea a ese respecto, y una línea bastante dual, porque, al mismo tiempo, el suplemento que está haciendo los viernes tiene su interés, pero, en las noticias semanales y en su editorial, pareciera preferir la idea de una Convención convertida en circo. Y las redes sociales y la instantaneidad hacen que, justamente, eso rimbombante gane un titular inmediato, pero su solución no gana titular, por lo tanto, la opinión pública está permanentemente alimentada por esos datos sorprendentes, siendo más interesante lo que pase con Tiare Aguilera que el acuerdo al que pueda llegar la Convención en su totalidad; es más interesante que se llame al fin de Carabineros que el acuerdo general del pleno para explicar que eso será una discusión posterior.

Eso que estás diciendo sobre la lógica en que funciona la prensa recuerda a lo que Bourdieu llamó “debates falsamente verdaderos”, y me parece que lo que los medios tenían como hipótesis era el enfrentamiento en la Convención, que no se produjo porque la derecha no alcanzó el tercio. Pero, lo que tú describes, era un escenario previsible, por lo que la pregunta como diría Lenin ¿Qué hacer?.

Yo me pongo en las antípodas de la queja a un complot de la prensa…

No me refiero a un complot de la prensa sino a que era algo previsible por las propias características de la prensa chilena, que tú conoces bien, que funciona mucho en la lógica del debate falsamente verdadero… Si alguien dice que los padres no tienen derecho a educar a sus hijos, se forma el debate y se invita a unos “panelistas”, dos de allá y uno de acá…

Sí. Por ejemplo, llevamos cuatro días discutiendo cuánto va a durar el período del próximo presidente por una frase dicha por Bassa en un programa, que es algo que no tiene ningún sentido estar discutiendo en este minuto, primero porque la Convención no lo ha discutido y segundo porque lo que diga Bassa, para estos efectos, es la opinión de uno de los 155 convencionales.

Pero el relato que la gente percibe, lo que dijo o dejó de decir Bassa, es lo que queda en la opinión pública, por lo que el desafío de la Convención es construir un relato que dé cuenta de esto que tú estás diciendo. ¿Cómo se hace eso?

Yo me he hecho esa pregunta seguramente con más ansiedad que con las que la haces tú, varias veces a lo largo de este proceso. Me he reunido con la presidenta Loncón para hablar este asunto, pero lo que pasa es que entre el dicho y el hecho hay un mega trecho, y se van a tener que hacer correcciones, pero es muy complejo concretar muchas cosas, como, por ejemplo, los presupuestos, porque para armar un equipo de comunicaciones habrá que contratar a un grupo de personas, para hacer una página web de categoría habrá que invertir en tecnología; y cómo se llenan los cargos, cómo se negocian los pesos… Y para muchas de estas cosas no sé las respuestas, porque yo soy solo uno más de los convencionales y en lo que uno puede aportar es en hacer saber, llamar, articular… Y hay algo que se debe entender, que es que aquí no hay una institucionalidad previa que haga que cada una de las preocupaciones encuentre su lugar de realización.

¿No debería haber un vocero o vocera oficial de la Convención? La presidenta y el vicepresidente lo son, pero la figura de un speaker

Yo creo que una vocería de la Convención sería una figura necesaria y útil, sí. Nosotros, en la Comisión de Comunicaciones, una de las primeras cosas que enfatizamos, emitimos, exigimos —ve tú como le pones- fue que hubiera una voz institucional de la Convención, que hubiera versiones institucionales de lo que acontecía. Se discutió, incluso, cómo debía ser esa voz, porque la gente de derecha exigía que fuera plural, y uno discutía que la voz institucional no tenía por qué ser pluralista porque era institucional.

Una vocería que pudiera contar en simple qué es lo que estaba pasando. Por ejemplo, que informara que se aprobó el reglamento, con las siguientes características, y generar una lámina o un video explicativo, con todos los lenguajes inclusivos posibles.

El medio de la Convención ha terminado siendo La Neta, y ustedes también, AlertaLey, con mucho respeto, admiración y agradecimiento.

En radio Cooperativa, Bárbara Sepúlveda (Convencional del Partido Comunista) dijo que si se aprobaban los dos tercios, respetaría la voluntad democrática. Y frente este tema hay, al menos, dos líneas de pensamiento: unos que dicen que los dos tercios van a llevar a construir una Constitución de 300 páginas para que todos sientan que algo de lo que aportaron quedó dentro, y otra línea que dice que los dos tercios van a requerir acuerdos tan amplios que la Constitución va a ser muy simple y que quedará solo aquello en lo que estamos de acuerdo, que no es tanto. ¿Dónde ves tú que estará el eje?

La discusión de los dos tercios encierra otra discusión central y muy nuclear, que tiene que ver con quienes enfatizan la idea del poder originario, del “aquí llegamos nosotros, papi, a crear el mundo sin que nadie nos venga a dar ninguna indicación”, es decir, con una lógica, de alguna manera, más refundacional, y con otros que dicen que no, que hay marcos, que si bien nacimos de una movilización social, si somos 155, paritarios, con escaños reservados, etcétera, es porque hubo una reforma constitucional que así lo dispuso. Y creo que en la disputa de esos dos mundos, la visión que claramente se ha ido instalando es la segunda, o sea, la idea de la Convención como una institución que es parte de la institucionalidad chilena. Y a mí me gusta mucho enfatizar —porque lo considero un talento nacional— que este estallido social se viene a reunir, ni más ni menos, que en el edificio del ex Congreso Nacional, es decir, la Convención se instala en el lugar de la histórica democracia chilena, y, es más, refresca y reconstruye la democracia chilena en el lugar donde vivió toda su vida republicana y en donde se interrumpió.

¿Crees entonces que hubo un paréntesis no democrático entre la caída de la Constitución del 25 y la actual Convención, incluyendo  los famosos 30 años?

No. Hubo una dictadura, sobre la que no vamos a gastar saliva, y después hubo una recuperación democrática en 30 años, que son, al mismo tiempo, posiblemente, los 30 años de mayores transformaciones culturales en el mundo. Son los mismos 30 años en los que nació la Internet, que nació en 1990; en los que aparecen las redes sociales; en que la democracia representativa entra en crisis; en que las identidades irrumpen en el mundo entero como una fuerza muy arrolladora. Las causas indígenas, las causas de género, son hijas de esta época; es un período en el que Chile cambia. Y a mí me gusta decir que “No son 30 pesos, son 30 años” es una buena frase, solo que hay que cambiarle el sentido que de buenas a primera se le da, porque no son los 30 años más calamitosos de la historia ni mucho menos —eso es una aberración y es una tontera—, sino que son los 30 años en los que nació un Chile, una cultura, una generación y unas experiencias no atendidas por el poder y que irrumpieron ahora pidiendo su lugar en la historia, o sea, son los 30 años que amasaron un mundo que no se atendió, y esto es muy importante para entender por qué se genera el desprecio por la palabra acuerdo, porque no hay nada más despreciable que cuando te dicen “estamos de acuerdo” y no te han invitado a ese acuerdo,  porque la democracia de los acuerdos terminó siendo un salón ajeno a la realidad de la gente. Y lo que estamos haciendo en la Convención es un acuerdo, pero es un acuerdo al que están invitados todos.

Me hiciste recordar la frase de José Martí “Se nos viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo” Para que la Constitución dure, no 20 o 30 años, sino 50 o 100 años, tiene que construir un sistema político que, básicamente, integre a las personas, que no las deje fuera, y eso es una revisión profunda del concepto de democracia participativa. ¿Lo ves así?

Sí, y por eso que ahí adentro, en la Convención, está la Tía Pikachú, ahí adentro está el Dinosaurio, se le paren los pelos a quien se le paren. Porque lo que mucha de esa gente no sabe es que debajo del traje de la Tía Pikachú está la señora Giovanna Grandón, que fue feriante, que trabajó en la Junji, que vive en Lo Hermida y que después de mucho tiempo y esfuerzo se compró un furgón y lleva niños a los colegios de Peñalolén, y esa persona, que un día, en la calle, le compra a su hijo un traje de Pikachú y se lo pone, no es ridícula, esa persona es la historia que muchísimas mujeres de Chile pueden entender, es hija de madre soltera, en fin…

Hace algún tiempo, cuando empezaron a mostrarse las primeras encuestas que reflejaban una baja en la aprobación a la Convención, Cristián Valdivieso, director de Criteria, en entrevista con AlertaLey, dijo que el problema comunicacional de los convencionales era que se estaban pareciendo a los parlamentarios y que la gente quiere algo distinto.

Yo he peleado mucho, adentro, sobre que es fundamental diferenciar la lógica parlamentaria con la nuestra, pues en el Parlamento, las diferencias están llamadas a perpetuarse hasta el infinito. En cambio, en la Convención tenemos un plazo limitado y con una tarea común, que es sacar un texto entre todos, por lo tanto, lo nuestro debiera tender hacia un cuerpo, hacia una construcción colectiva, y esto no es lo mismo que borrar las diferencias, todo lo contrario, pero son diferencias llamadas a confluir en una solución. Y el problema que hemos vivido en la etapa de instalación es que esas diferencias, llamadas a confluir en un texto, lo primero que hacen es irrumpir de manera performática y dicen “aquí estoy y soy distinto de ti, y además me cargai huevón, porque yo no soy como tú” y creo que eso es lo que ahora se está terminando para pasar de lo performático a lo conceptual, es decir, la tarea por delante ya no es decir yo soy distinto de ti sino que decir “yo tengo la obligación de construir contigo”. Y esperamos poder llevarlo a cabo.

Al escucharte tengo la sensación de que compartes la idea de que la democracia que se construya, que el sistema político que se construya a partir de la nueva Constitución tiene que ser un sistema lo suficientemente inclusivo para que haya tías Pikachú y dinosaurios Andrade y no de los otros. Si uno mira, por ejemplo, la democracia norteamericana, que es bipartidista, con un Congreso plenario —que tiene la misma mala reputación del Congreso chileno—, ve que tiene un Partido Demócrata que integra a Bernie Sanders, a Ocasio-Cortez, a miembros de Black Lives Matter; y el Partido Republicano integra a Donald Trump, que representa a un mundo antipolítico. Entonces, lo que uno pudiera pensar es que el sistema político debiera ser capaz de integrar a todas esas personas que tú mencionabas, y está claro que no lo hace. ¿Qué es lo que crees que debiera cambiar para que lo haga?

Te voy a contestar de otra manera. Yo creo que en el proceso constituyente estamos viendo la irrupción de una malla política futura importante. No digo todos —yo no, por ejemplo—, pero estamos viendo el germen de un nuevo mapa político, donde están representados otros mundos. La Concertación, para ser claros, aquí adentro no está, no existe.

Y apareció el Frente Amplio, y aquí se está consolidando como fuerza que posiblemente sea eje de un gobierno, que todavía se está buscando y que aún está muy invadido por la vanidad, por los personalismos, y le cuesta todavía cuajar, pero aquí está. Y está un Partido Comunista con una habilidad para, haciendo poco, conseguir tanto, que a mí me impresiona, porque es un grupo chico que consigue mucho, no solo logrando prensa sino consiguiendo articular. Y tienes a una derecha que es bastante evidente que son dos, y que cuando uno habla con ellos ve a los del área de la UDI que te quieren decir que eso no es así y a los del área aperturista que te quieren enfatizar que esto sí es así, porque hay un mundo de la derecha que no quiere repetir el bochorno del “Sí” y el “No”, que en esta discusión quiere poner su grano de arena en vez de seguir representando la reacción.

De lo que está diciendo, ¿se puede deducir que ahora sí llegó el fin de la transición?

Totalmente. Desde el momento en que se sustituye la Constitución del 80 por otra Constitución. No hay dato más claro y consolidado. Pero creo que además de ser el final de la transición es el final de un ciclo mayor. Es el final de la Guerra Fría, es el final de la última parte de la historia republicana de la Constitución del 25, que engloba a la Unidad Popular, la dictadura y la Concertación; es el final de ese esquema, y es, además, la búsqueda de la construcción de la democracia moderna. Estamos exigidos de solucionar los problemas de la democracia mundial del siglo XXI: la ecología, los géneros, los pueblos originarios, las identidades culturales, el agua, la tecnología; todos temas que esta Constitución tiene que resolver y que en muchas partes, sobre todo en América Latina, están mirando con mucha atención. La polarización, la confrontación, la cancelación, la decadencia de la democracia representativa, la caída de los partidos políticos, están por todas partes. Y los estallidos sociales están por todas partes. Según Krastev, un politólogo búlgaro, en los últimos 10 años ha  habido más de 90, y ya se quedó corto porque el libro es de hace cinco años y después hemos tenido el peruano, el colombiano y el nuestro. La particularidad chilena no es el estallido social, es el proceso constituyente, y eso lo tenemos que valorar y lo tenemos que reconocer.

Mi curiosidad es si después de todo esto vas a escribir un libro…

Sí.

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