Marco Moreno y la recta final del proceso constituyente: “Hoy tanto el Apruebo como el Rechazo no tienen elencos, rostros que puedan visibilizar bien esas dos opciones”

Una falencia que tuvo la Convención -y que no se puede repetir de cara al plebiscito de salida- fue la falta de consenso sobre "la importancia y lo central que significa este proceso constituyente”. Moreno es categórico en que “los convencionales buscan responsabilizar a otros de un trabajo que debieron hacer ellos” y lo que ahora se necesita es “apoyo y legitimidad” para el nuevo texto constitucional.

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Los aplausos y abrazos no estaban demás esa noche del sábado 14 de mayo, porque a pesar de los poco auspiciosos pronósticos, la Convención Constitucional logró cumplir con otro plazo relevante: cerrar el debate constitucional. Tras 10 meses de trabajo, muchas sesiones de comisiones y 103 largos plenos, finalmente ya hay un borrador de nueva Constitución, sobre el cual las comisiones de Armonización, Preámbulo y Normas Transitorias están afinando las piezas finales.

Quedan exactos 45 días de mandato a la Convención para entregar la propuesta final de texto constitucional en las manos del Presidente, Gabriel Boric, y poco menos de 100 días para el plebiscito de salida. El proceso entró a su recta final, una que es crucial.

Ahora entramos en un tiempo más complejo, el momento interpretativo, a partir que ya tenemos un borrador, comenzó esta etapa donde ninguno de nosotros vamos a votar la Constitución por un tema en específico, sino en función de si consideramos que la Constitución es una herramienta que puede contribuir o no para avanzar en el futuro. Por lo tanto, esta interpretación de si esta Constitución va a permitir avanzar o más bien será un retroceso, será una disputa política y comunicacional muy dura”, explicó el analista político y director de la Escuela de Gobierno y Comunicaciones Universidad Central, Marco Moreno, en entrevista con www.alertaley.cl

Precisamente, de este momento clave, de las falencias que se cometieron, de los hitos del proceso y cómo se jugarán ambos bandos, del Apruebo y el Rechazo, sus cartas en los meses que restan, habló Moreno en esta entrevista. De lo que hemos visto estos días, advirtió que “en este minuto hay el desfile de abogados y de expertos constitucionalistas que están interpretando lo que se dice en el texto, y, finalmente, la gente se está haciendo una idea, una visión de las cosas a partir de esas interpretaciones”.

-El clima político en que se cierra el debate constitucional y se entrega el borrador es muy distinto al que había el 4 de julio, cuando todo comenzó…

-Este contexto interpretativo está marcado por un escenario político de creciente polarización, en torno a las opciones que están planteadas en el texto y eso va a ir agudizándose en los 100 días que quedan de aquí al plebiscito de salida. La polarización va a ser un factor que va a caracterizar la disputa política. No vemos todavía la conformación de los elencos que van a representar, tanto las opciones del Apruebo como la del Rechazo, por lo tanto, el clima político va a estar nuevamente marcado por la expectativa y la polarización que se está comenzando a dar.    

-¿Qué tan real es el clima de rechazo a la nueva Constitución en la ciudadanía que reflejan las encuestas y que lo alimenta?

-La información que hemos tenido de distintos estudios de opinión, que usan distintas metodologías y que marcan un aumento de la opción del Rechazo, tiene que ver con el proceso y no tanto con el resultado. Cuando se preguntaba a la gente su opinión, era sobre el proceso, la etapa deliberativa, cómo se hizo, si hubo muchos excesos, si los convencionales apostaron mucho a un discurso identitario, de las causas que miraba más lo particular en desmedro de lo general, si hacían sahumerios, si se votaba desde la ducha, si había funa. La idea del Rechazo que hemos visto antes del borrador, tiene que ver con el proceso y los que vamos a conocer desde ahora, sí van a ser respecto del resultado, con la percepción que la gente se va a hacer sobre la Constitución, si sirve para avanzar o será un retroceso. Esa percepción de la gente sobre el resultado, se va a construir sobre la interpretación que se está haciendo hoy de lo que dice o no la Constitución.

– Hablando del proceso ¿considera que fue muy engorroso de seguir, que eso jugó en contra o la propia Convención ha tenido enemigos internos que ha fomentado que sea mal evaluado?

-Hay de las dos cosas. Siempre los procesos no tienen una única causa que los explica, sino que son varias las que influyen en el mismo. Aquí hubo errores de los propios convencionales y excesos, como el caso de Rojas Vade, algunas actuaciones de convencionales de derecha y de los grupos más de izquierda, de pueblos originarios, todo eso acrecentó la idea que se estaba haciendo un trabajo no como la gente esperaba con más nivel de acuerdo, más seriedad sobre lo que se estaba discutiendo, más sentido común y menos de lo identitario. Eso dificultó que la gente tuviera una valoración positiva del proceso.

Además, el clima que se vive dentro de la Convención es distinto al que hay fuera de esta. Los constituyentes fueron elegidos en un clima político, mayo del 2021 post pandemia, que no es el de hoy y los convencionales siguieron anclados a ese clima, donde la derecha representaba el 20% en la Convención, pero sin embargo en la elección presidencial representaba el 44%. Esa disociación jugó en contra. Hay errores que son atribuibles a los medios de comunicación, a intereses para poner en entredicho el trabajo de la Convención, pero evidentemente desde esta hicieron harto esfuerzo para que se tuviera una visión poco positiva del trabajo.   

-¿Esa disociación con la realidad del país fue el mayor error de la Convención?

-Fue un error grueso, y el otro fue este espejismo del discurso identitario, esa idea de que una coalición de grupos e intereses minoritarios -pueblos originarios, diversidad cultural, género, orientación sexual, animalistas- no contribuye a un proyecto nacional. Intentar imponer al conjunto una parte es a veces peligroso. Si quieres conquistar y construir mayorías, no se hace sobre la base de la suma de minorías y ese, creo, fue el error. Este intento -legítimo porque no estoy cuestionando la legitimidad de las causas- de imponerle al resto, evidentemente genera una crisis, una fractura, queda de lado el sentido común, esta construcción de un proyecto nacional, de mayorías ciudadanas. Es lo que de alguna manera tuvo un efecto en la percepción que la gente tiene hasta ahora del proceso constituyente.

La democracia ocular

-Hay quienes consideran que la Convención como tal se ha convertido en la propia enemiga del proceso. ¿Los constituyentes deberían desaparecer de escena después del 4 de julio?

-Sería recomendable que ellos, que fueron los redactores del texto, ocuparan ahora una posición de menor exposición mediática. El plebiscito se trata de eso, no de la Constitución del 80, porque eso se resolvió en el plebiscito del 25 de octubre, el 80% dijo que no la queríamos. Este plebiscito se trata de si aprobamos o no la propuesta que hicieron los convencionales, pero no es razonable que sean ellos los que salgan a defenderla. Lo que pasa es que hoy tanto el Apruebo como el Rechazo no tienen elencos, rostros que puedan visibilizar bien esas dos opciones, y, por eso, hay una tentación de los convencionales de asumir ellos la defensa de su propio proyecto. Creo que sería contraproducente, porque no ayuda a que los ciudadanos nos hagamos una opinión independiente.

Por eso, en este momento interpretativo hay que tener mucho ojo, porque vamos a estar expuestos a la interpretación que se haga del texto y los convencionales tiene la suya. Ellos plasmaron ahí su visión de las cosas, por lo tanto, podría ser un poco sesgado que defiendan el proyecto de nueva Constitución. Somos los ciudadanos los llamados a interpretar lo que ahí aparece, y eso será sobre la constatación de si la nueva Constitución es un avance o un retroceso del país que queremos hacia el futuro.

– Si hay falta de elencos ¿quiénes podrían asumir esa tarea entonces?

-Es un escenario bien complicado, porque el Gobierno tiene una posición, ha dicho que está con el Apruebo, pero evidentemente las formas lo obligan a tener un rol prescindente y garante del proceso, hay una resolución de la Contraloría que marcó una línea en esto. Los partidos, en tanto, están sometidos a una fuerte impugnación por parte de la ciudadanía, los parlamentarios lo mismo. Esto hace difícil que sean esos actores tradicionales los que de alguna manera encarnen estas posiciones. Ya decía que no me parece una buena fórmula que sean los convencionales, porque generan sentimientos encontrados en la ciudadanía, salvo algunos rostros -Beatriz Sánchez, Benito Baranda y Malucha Pinto- que tienen otra valoración. Por lo tanto, van a ser los grupos de ciudadanos, probablemente, la cultura, los que se tomen la campaña del Apruebo.

En el Rechazo todavía es más complicado. Rostros como el de José Antonio Kast, de los partidos de oposición, eso va a condenar al Rechazo a un estrepitoso fracaso. El amarillismo y otras denominaciones que están en esta opción, tampoco logran convencer.

Veo bien complejo la conformación de elencos para salir en defensa de las opciones para el plebiscito. Se está pensando en rostros ciudadanos, la pregunta es qué quieren decir esos rostros o quienes son.

-¿Qué tan de elite sigue siendo la discusión en torno a las normas que hay en el borrador?

-Sigue siendo un tema que todavía no logra tener un nivel de adhesión, de comprensión importante en la ciudadanía. Por eso digo que este momento explicativo es tan importante, porque finalmente la gente se va a hacer una opinión, una percepción a partir de lo que vea y lo que dicen otros. Estamos insertos en una democracia ocular, donde la gente se hace una convicción de las cosas a partir de lo que ve, en las redes sociales, la fuerza que tiene un meme, lo que puede provocar una fake news, lo que puede confundir a la ciudadanía una interpretación sobre algunos de los principios o artículos. Esa batalla va a ser fundamentalmente comunicacional y por eso, de alguna manera estos 100 días de aquí al plebiscito, con una fuerte polarización, va a ser el espacio donde la gran mayoría de los 15 millones que estamos habilitados para votar, nos vamos a hacer una opinión.

La gente no se va a leer el texto, por lo tanto, el Apruebo va a concentrar su atención en la batería de derechos sociales que están constitucionalizados, y va a poner una apuesta fuerte ahí, en convencer a la gente en que los derechos sociales son, quizás, el mayor activo que tiene la Constitución. Y, por otro lado, el Rechazo va a poner el foco en temas como la plurinacionalidad, el sistema político, la propiedad privada, elementos que también van a llevar a la gente a esta polarización en torno cuánto me favorece o perjudica el texto constitucional.

Se va a dar fuertemente la batalla ahí, en lo político y lo comunicacional. Por eso, los medios de comunicación serán claves, y tienen línea editorial y ya la estamos viendo. Me llama la atención ver desfilar ciertos abogados de un sector en los canales, eso es porque se trata de imponer una visión, una interpretación de los hechos. ¿Cómo se contrarresta eso? Con el uso de otras herramientas como las redes sociales y para un público menor de 50 años, puede ser efectivo.

-Sobre esa misma idea y en perspectiva de lo que debe ser la campaña del Apruebo, ¿había alguna forma de contrarrestar el despliegue que ha tenido el Rechazo en estos 10 meses tanto dentro como fuera de la Convención?

-Sí. Todo comunica y, por lo tanto, la autocrítica que deben hacerse los convencionales es que desde el principio hubo un fallo en las comunicaciones, en tratar de construir apoyo y legitimidad al proyecto. Eso nunca se vio claro, porque desde la Convención siempre se hizo comunicación de campaña, siempre el tono era para tratar de imponer una idea, para intentar ganar un punto, pero eso dificultaba la construcción de apoyo y legitimidad a un proyecto, eso nunca se entendió adecuadamente. Nunca hubo una línea editorial, una unidad de criterios para comunicar adecuadamente, no hablo de informar lo que se hace, eso está bien, estoy hablando de la comunicación y pongo acento en esta idea de la construcción de apoyo y legitimidad para generar consenso, que no se construyó adecuadamente.

Por supuesto que hay una parte de la gente que apoya al Apruebo, lo seguirá haciendo, pero no permeó al conjunto de la sociedad, entonces se falló en esa construcción del consenso respecto de la importancia y lo central que significa este proceso constituyente. Ahí hay una autocrítica que todavía la Convención… los convencionales solo buscan responsabilizar a otros de un trabajo que debieron hacer ellos, esos errores no deben cometerse ahora, porque lo que se necesita construir es consenso, apoyo, legitimidad para el nuevo texto constitucional y eso, todavía no está claro en el Apruebo, tampoco en el Rechazo.      

-¿Cuáles son las fortalezas del borrador de la nueva Constitución y donde la gente podrá ver las diferencias con el texto del 80?

-Se hace cargo de muchos de los problemas que estuvieron en la base del estallido social, por lo que la gente se movilizó, que tenía que ver con cómo se incorporaba un mayor número de derechos, hacerlos exigibles, y eso, creo, se recoge adecuadamente. La constitucionalización de derechos sociales, que es una tendencia que hemos visto en el mundo, es un acierto, ese catálogo de derechos es un activo muy importante.

Además, todo lo que tienen que ver con cómo se reducen las asimetrías que hay en esta sociedad que es tremendamente desigual, por la vía de establecer más regulaciones en educación, temas medio ambientales, también es un acierto que la gente va a valorar positivamente. En esas dos dimensiones hay un aporte del proceso constituyente y del borrador que hoy tenemos.

-¿La cercanía del Gobierno con el proceso es un factor que suma o resta a ambos?

-Al Gobierno le resta, fue un error haber permitido que tempranamente su agenda se constitucionalizara, porque en estos 60 días hemos visto a los ministros y ministras, al Presidente, tener que tomar posición sobre lo que se aprobaba en las comisiones, en los plenos, y eso hacía que un actor, la Convención, le quitara el control de la agenda al Gobierno, porque quien colocó buena parte de los temas fue la Convención.  

-¿Pero había alguna forma de evitar eso, considerando el rol del Presidente Boric en el acuerdo del 15 de noviembre y el apoyo activo de las actuales autoridades en el Apruebo del 2021?

-Cuando el Presidente ganó la elección, lo primero con que dialogó fue con la directiva de la Convención, planteó -y para mí esa era una doctrina- que no quería una Convención partisana. Esa doctrina se debió haber plasmado en un diseño, pero muy tempranamente comenzaron a vincular demasiado la suerte del Gobierno al proceso constituyente. De hecho, en algún momento el ministro (Giorgio) Jackson dijo que el proyecto del Gobierno estaba amarrado al destino del proceso constituyente. Eso fue un error, desde el punto de vista estratégico y táctico, porque constitucionalizó la agenda del Gobierno y porque, independiente del resultado del plebiscito, el Gobierno tienen que seguir gobernando. Por eso, está un tanto paralizado, esperando los resultados del plebiscito, porque de alguna manera va a ser un test de la actual administración, no siendo el objetivo, también se va a evaluar al Gobierno. Será muy difícil separar las aguas.

-¿Qué está en juego realmente en el plebiscito de salida del 4 de septiembre?

 -Las reglas con las que vamos a vivir, se comienza un nuevo partido en la historia del país, con un nuevo sistema político, con un conjunto de derechos sociales, de regulaciones. Esto genera incertidumbre y las personas necesitan certezas, las instituciones se mueven con certezas, por lo que vamos a tener por delante un período largo de incertidumbre. Se va a generar estrés institucional -nuevos jugadores con nuevas reglas- e incertidumbre, pero también es una oportunidad para poder enfrentar de mejor manera un mundo distinto, que es este del siglo 21, con otras claves y códigos.

-Dado que es un plebiscito con voto obligatorio, donde participará un porcentaje importante de personas que se ha marginado de otros procesos, ¿qué es lo que los va a movilizar de ir a votar Apruebo o Rechazo el 4 de septiembre?

-Si la gente considera que la Constitución sirve para avanzar a un país mejor o nos hará retroceder, esas son la dos ideas que van a estar detrás de lo que se juega en el plebiscito. Si esa propuesta de texto constitucional le va a permitir a Chile avanzar para ser un mejor país o, al contrario, nos va a retroceder a una situación en la que no vamos a conseguir resolver muchos de nuestros problemas. Esa dicotomía son las que van a estar en juego el 4 de septiembre.

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