Tres meses de la Convención: Y la nave va

Han transcurrido tres meses desde que la Convención Constitucional se instaló y sin lugar a duda, a pesar de los episodios complejos, delicados y amargos, el saldo tiene cifras azules.

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Lo más relevante ha sido terminar, contra todo pronóstico inicial, con los cuatro reglamentos que regirán todo su funcionamiento: el General, de Ética, Consulta Indígena y Participación Popular. Era posible que la Convención se entrampara, que pasara más allá de los tres meses sin tener definidas sus normas internas de funcionamientos, que la derecha encontrara el ansiado poder de veto, o desde la izquierda se quedaran sin nada al apostar por el todo. Bajo la dirección de Loncón y Bassa la Convención encontró las normas que le dan sustento jurídico al debate constitucional que ahora se inicia, simbólicamente, el lunes 18 de octubre.   

La carta de navegación es bastante ponderada, con la mayoría de sus normas aprobadas con votaciones superiores a los 2/3 (103 votos) que le permitirá a la Convención transitar lcon las reglas claras, especialmente con el tema del quorum de los 2/3 ratificado y definitivamente zanjado. 

Es cierto que en estos tres meses pasó lo que dijimos, su estatus sobre el bien y el mal iba a durar poco y los momentos iban a ser muy duros.  Un ejemplo de ello escándalo del caso Rojas Vade enlodó su imagen, la abolló. Fue tan feroz ese golpe, que el buen manejo político que habían tenido hasta entonces la mesa que encabezan Elisa Loncon y Jaime Bassa, trastabilló, titubeó, fue débil en las primeras horas y se temió un Caval (o un Pandora) que desestabilizara todo.

Pero al par de días, la dupla logró recuperarse y tomar las riendas para hacer el control de daños haciendo lo correcto: apartando al vicepresidente Rojas Vade de la Convención y quitándole todo el piso político.

En estos tres meses las fuerzas políticas internas de la Convención se han reconfigurado. La Lista del Pueblo casi ya no existe, fue reemplazada por Pueblo Constituyente, un colectivo que se ha convertido en un satélite del Partido Comunista y, en la derecha, sectores de RN, Evopoli e independientes toman cada día más distancia, pública y privada, de la dura estrategia de desprestigio que despliega la UDI y los convencionales más conservadores.

Efectivamente, durante las votaciones de los reglamentos se observó con nitidez cómo el eje de la Convención se instaló en la suerte de alianza entre el Frente Amplio, el Colectivo Socialista, Independientes No Neutrales y a ratos, el Colectivo del Apruebo, que es la verdadera bisagra política que evitó que bandeara para un lado u otro la nave.

Sin embargo, aunque mucho se dijo que nadie tenía poder de veto, es innegable que el Partido Comunista ha sabido hacer gala de su capacidad política y aprovechó los restos de la Lista del Pueblo, para configurar un polo, un tercio del pleno a su alrededor, con Movimientos Sociales y la mayoría de los convencionales de escaños reservados. Suman 62 en total, aunque se habla que al menos 53 se alinean en las posiciones más duras del sector. Al final nadie sabe para quien trabaja.

No hay que olvidar que se usó la fórmula de votar todas las normas de reglamento con mayoría simple, para así poder ratificar el quorum de 2/3 para los artículos constitucionales y bloquear los intentos de rebajarlo a 3/5. De no haberlo hecho, otra seria la historia.   

Todo indica que la pistola cargada del poder de veto del sector más duro liderado por el PC fue un factor clave que llevó a sectores como el Frente Amplio y el Colectivo Socialista a que se abrieran a aprobar el plebiscito dirimente, con la condición previa de la reforma constitucional para evitar transgresiones legales, metiendo un enredo en un reglamento limpio. Ese traspié no lo dejó pasar el grupo duro de la derecha que soltó a los perros en las redes sociales, acusando de letra chica a la Convención.  

El 18 de octubre se conforman las siete comisiones temáticas y con ello, se inicia el proceso de debate de los temas de fondo. Uno de ellos será el régimen político que debe tener el país en esta nueva etapa, un cambio que es necesario y que el triste final de mandato que está teniendo el Presidente, Sebastián Piñera, demuestra que es imperativo modificar.

Si hay algo fuera de duda es que el sistema político requiere un reseteo profundo. No es solo el gobierno el de la crisis, sino la propia oposición vive su debacle con tres candidaturas de menor calibre político que en otras ocasiones. Gane quien gane, tendremos un gobierno débil que deberá administrar las dos tormentas perfectas que se armaron al cruzarse los vientos del estallido social con la pandemia del covid19.

En ese sentido, las palabras del Vicepresidente Bassa que el próximo gobierno y parlamento no debiera durar más de un año, tiene mucho sentido. Las autoridades elegidas bajo la vieja constitución y bajo la política del descrédito tendrán poca legitimidad. El nuevo gobierno deberá ser elegido con un sistema que permita más participación, y más capacidad de recoger la multiplicidad de opciones políticas que se han dado en el Nuevo Chile. Un acto de generosidad de todas las candidaturas aceptando esa condición de temporalidad, sería muy agradecido por el país y las futuras generaciones.

También viene el período donde se tocarán intereses económicos, donde se discutirá democráticamente el derecho de propiedad y cuales son sus límites. Esto no se ha hecho nunca en Chile y por tanto tendrá una condición dramática no menor. Hasta ahora los sectores empresariales miran con cierto desdén la Convención, más preocupada de símbolos como el lenguaje inclusivo que de ejercer el poder real.

Pero las cosas serán distintas cuando tengan que definir si dejar la actual preponderancia del derecho de propiedad sobre otros como dijo a alertaley la abogada Lagos Tschorne. Dice Maquiavelo que las personas recienten más la pérdida del padre que la del patrimonio, y por tanto tocar esa piedra filosofal de la constitución del 80 desatará tempestades en el medio de la segunda vuelta electoral más fiera que conocerá la historia.

También será fogosa la discusión sobre los derechos de las personas. La sensación generalizada de postergación y de abuso que posee la población generará altas expectativas y los convencionales tendrán que ocupar toda la sangre fría para escribir un texto que tenga sentido y aplicabilidad, y no una lista de deseos. Otros países han enumerado derechos, aclarando que el Estado debe hacerse cargo de ellos, en la medida que tenga la capacidad financiera para ello. En un momento de alta inflación, de ofertones electorales, será difícil mantener la calma. Pese a las nuevas tormentas, en alertaley somos también optimistas en esta nueva etapa. Creemos que habrá días duros, crisis, encontrones, pero la convención encontrará la luz y tendrá un texto que nos una como país y permite salir delante de esta crisis que vivimos.

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