Pablo Longueira “La derecha debe construir una alternativa constitucional moderada y razonable, para llegar a un acuerdo que sea aprobado en el plebiscito de salida”

En una de las pocas entrevistas que ha dado en el último tiempo, el ex diputado, ex senador y ex candidato presidencial Pablo Longueira habla en serio de los riesgos que estamos viviendo en su país, y advierte a la derecha de la necesidad de construir acuerdos ahora. Y por cierto, rescata a la Concertación que muchos de izquierda niegan ahora.

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Pablo Longueira Montes respira política por todas partes. Este ingeniero civil de la Universidad de Chile no piensa en integrales, en derivadas, en puentes, en procesos, sino en política, en escenarios, en resultados.

Con la misma pasión que levantó la UDI popular y que en el momento más crítico del gobierno de Lagos le tendió una mano para salvar su administración, advierte de la complejidad que se vive, de un país polarizado, con fuertes críticas a la Convención Constitucional.

Pero también acusa miopía de la derecha en no entender lo que se vive y no haber sido capaz de acordar reformas fundamentales, para una mejor política, por la gente.

Da pocas entrevistas, y en esta de AlertaLey, hecha por zoom se extendió en confianza y habló sin pelos en la lengua de lo que vive el país. Sin más preámbulos , Pablo Longueira Montes.

A raíz de los resultados electorales, la historia de la Convención Constitucional tiene un giro, es decir, o busca un camino que la lleve a escribir una Constitución más amplia y representativa o se va por el camino partidista. ¿Cómo lo ves tú?

Yo creo que esta elección volvió al país a la realidad. Siento que hemos vivido dos años muy inesperados, por cierto, pero, a la vez, dos años en los que creo que lo que ha ocurrido no representa a las inmensas mayorías.

Y antes de entrar al tema de la Convención, voy a plantear un breve análisis previo. Yo fui de los pocos líderes de la centroderecha que estuve por el apruebo, porque me pareció como un mínimo de sensatez política el que, transcurrida la transición chilena, la Constitución —que para mí fue una gran Constitución, pero obviamente muy cuestionada por amplios sectores del país— requería ser cambiada y construir una consensuada, como ha ocurrido históricamente en Chile, que, más o menos, cada 50 años, hemos tenido una nueva Constitución. Por lo tanto, había que hacerse cargo. Y la postura de la derecha chilena me pareció completamente alejada del Chile de hoy. Rechazar o no estar dispuestos a conversar una nueva Constitución a mí me parecía una postura inaceptable, e hice muchos esfuerzos para que se planteara un apruebo distinto, que no partiera desde cero, que dijera “rescatemos lo mejor”, para que construyéramos una nueva Constitución que sea la casa de todos y que es necesaria para transitar en el camino al desarrollo para países como los nuestros, que tienen la conocida crisis de los países de ingresos medios, que es la que creo que estamos viviendo, y en los que es muy complejo transitar de una generación a la otra políticamente, y siempre lo ha sido. Entonces, yo creo que debíamos acompañar este proceso, con una nueva Constitución, con un gran acuerdo, incorporando, obviamente, materias que no fueron tema en la Constitución de 1980, y dándole una legitimidad ciudadana con amplia participación. Esa fue mi postura y creo que fue la de muchos.

Pero esto ocurrió con un gobierno demasiado débil —o inexistente, digámoslo así de categórico— que cedió a muchas presiones innecesarias. Y aunque no lo había dicho públicamente, yo fui consultado e influí para que se llegara a un acuerdo en el Congreso. Llamé a Juan Antonio Coloma y le dije que firmaran un acuerdo porque había que darle una salida política y pacífica a la crisis que estaba viviendo el país. La última llamada que recibí de él fue en la tarde contándome que Boric le señaló que aceptaría el tercio. Pero dos días después, cuando leí el acuerdo, me di cuenta de que esto tenía un plebiscito de entrada, que no logré entender por qué se puso, y también que se elegía a los convencionales a nivel de distritos, algo que tampoco logré entender. Estaba viviendo en la Araucanía, me vine a Santiago porque consideraba muy grave ambos temas. Me reuní con personeros de la UDI para preguntar por qué habían aceptado esto, porque era aceptar plebiscitar la Constitución de Pinochet y Guzmán, y que el resultado iba a ser 80 a 20, y alguien me dijo que nadie lo había pedido, sino que lo pusieron ellos mismos, que fue la propia UDI la que puso el plebiscito, para evitar ser acusados de entreguismo por la gente de Kast. No podía creer lo que escuchaba. 

En relación al plebiscito, y en base a algunos de tus escritos en los que dices que “el centro se pulverizó”, esta elección te dio la razón, y no solo se pulverizó, sino que la centroizquierda, la histórica Concertación, se derrumbó, Yasna Provoste llegó quinta. ¿Sientes que la elección del domingo ratifica tu tesis? ¿Crees que la situación se polarizó después del plebiscito?

Todo lo que te estoy diciendo lo he escrito, y dije que lamentablemente se iba a pulverizar el centro, que José Antonio Kast pasaría de primero a la segunda vuelta y que puede ganar. Todo esto lo escribí hace 20 días, así que para mí esto no ha sido una sorpresa, porque lo que se votó el domingo no era la evaluación del gobierno de Piñera, porque el gobierno de Piñera no existe para la gente, es entera y completamente irrelevante, y quien ha estado gobernando de facto es el Parlamento, tenemos un parlamentarismo de facto a partir del 18 de octubre. Y con eso, sumado a la Convención, lo que está evaluando la gente, en la práctica, es a un gobierno de Boric, un gobierno del Frente Amplio con el PC; la gente alcanzó, en estos dos años, a sentir los efectos de la situación económica y política en materia de seguridad que está viviendo el país, por lo que lo que se está plebiscitando, entre comillas, es ese posible gobierno del FA-PC. Mucha gente me aborda en la calle que cree que estoy feliz con el resultado del domingo, pero, si bien me alegro por el equilibrio alcanzado, estoy triste por Chile, porque no es el país que a mí me gusta, un país polarizado, dividido, en el que desapareció el centro, en el que cada vez hay menos amistad cívica.

Ahora, lamentablemente, estamos en esta situación, muy gatillada por el resultado de la Convención, que, en primer lugar, jamás se debió haber elegido a nivel de distritos sino que en listas nacionales, porque eso llevó a que todo un mundo de constitucionalistas, de científicos, de ex rectores, por mencionar algunos, que no les gusta ser candidatos, quedara excluido, y que, además, se generara una distorsión electoral, lo que llevó a que la gente se asustara; la gente sencilla, la gente de esfuerzo, la gente de trabajo, está asustada… Mira la reacción del mundo huaso. Es que tú no puedes, de la noche a la mañana, decirle a la gente que se acabó la República de Chile, que se acabó la bandera, que se acabaron las tradiciones, porque esa no es la realidad chilena.

Y pasó que la centroderecha, teniendo más de un tercio, porque ha quedado claro que lo tiene, no lo sacó en la Convención, porque no tuvo una estrategia y no fue capaz de llevar gente con capacidad electoral en comunas más populares, como San Miguel o Pedro Aguirre Cerda, donde no hubo candidatos potentes, sino que todos se concentraron en el Distrito 11 de Las Condes y en lugares donde la derecha es más fuerte.

Y también en la Concertación, que da para escribir un libro de cómo desapareció la coalición que, para mí, es la que mejor ha gobernado Chile; que hizo los mejores cuatro gobiernos de la historia republicana del país, y que desaparecieron porque no supieron elegir el candidato presidencial que tenían que llevar, porque nunca levantaron una figura presidencial, con tiempo, y al final no lo tuvieron e improvisaron con una persona que se levantó de candidata presidencial en un mes.

Y mira lo que pasó con Sichel, que ganó una primaria, que dejo fuera a Lavín, pero que al día siguiente cometió toda la lista de errores que había que cometer y permitió el ingreso de Kast por la derecha.

Queda claro que no van a tener oportunidad de alargar el plazo ni de hacer plebiscitos intermedios porque la derecha no va a dar esos votos ni en el Senado ni en la Cámara de Diputados. Entonces, la única solución para obtener una Constitución razonables es que la Convención se modere y busque acuerdos transversales. Ante esto, la pregunta que surge es si tú ves a la mesa, a Jaime Bassa, a Elisa Loncón, con capacidad de hacer ese cambio, no solo en el cuerpo convencional sino que en la sociedad o los ves siguiendo en lo testimonial.

De acuerdo a la información que yo tengo de la Convención, en su interior hay tres grupos, muy estructurados. Un grupo liderado por el Partido Comunista, con todos los representantes de los pueblos originarios y la Lista del Pueblo. Paralelamente, está el Frente Amplio con los sectores ex Concertación, es decir, el Frente Amplio no está en el primer grupo, sino en este, de izquierda, pero algo más moderado que el otro, y está el tercer grupo, que es la derecha, que no participa sino que está en la galería y no tiene un voto para mover nada. Y los dos primeros grupos tienen el control de todas las votaciones.

¿Qué es lo que va a ocurrir ahora? Que el país está volviendo a la realidad, no a la normalidad —que ojalá vayamos hacia eso—, sino a la realidad, y los conductores de la Convención tienen que recibir el aviso de que les rayaron la cancha, por lo que el gran desafío para la derecha —y, a estas alturas, para los demócratas, porque de lo que uno viene escuchando, mucha gente de la ex Concertación tampoco estaría con el apruebo, porque esta suerte de refundación de Chile no es lo que busca el chileno— es ir presentando indicaciones en todos los artículos, en todos los capítulos, y que esa sumatoria de indicaciones logre una Constitución que lleve a que finalmente existan dos Constituciones posibles, porque lo peor que puede ocurrir es que la gente de izquierda sienta que si se rechaza la nueva Constitución siga la de Pinochet y entonces la apruebe, no 80 a 20, pero sí 70 a 30. Entonces, la única forma de lograr una moderación en la Convención es que vean que la derecha va a construir una alternativa que no es la Constitución de Pinochet ni de Guzmán. Y yo tomaría de base la propuesta de Constitución de Bachelet, mirando qué cambios le haríamos hoy.

Pero ¿qué disposición tiene la derecha para eso? Porque recuerdo que cuando la presidenta Bachelet presentó su reforma, Andrés Chadwick dijo en la Enade que la iban a echar abajo, que no iba a haber reforma constitucional. Y Bachelet también convocó la Comisión Bravo, para reformar el sistema de pensiones, con una propuesta bastante razonable, manteniendo el sistema de AFP y la capitalización individual,  pero asume el gobierno de Piñera y Nicolás Monckeberg no se demora ni seis meses en bajar esa reforma. Así que lo que uno ve en la derecha es una especie de obstruccionismo a reformas que son moderadas, razonables, y abriendo espacio a posiciones más extremas. ¿No sientes que hay una responsabilidad de la derecha en la conformación de la Convención, en el alza de votos de Boric?

Ahí me tocas un punto débil. Una de las razones por las que yo dejé la política es porque me cansé de luchar en mi sector. Nada se podía modificar. Nosotros tenemos mucha responsabilidad de lo que ocurrió, mi sector, porque cuando nada se puede tocar… yo hace 15 años que decía que esto iba a explotar. Cuando ocurrió el 18 de octubre, a mí no me sorprendió. Nosotros somos muy responsables de lo que ocurrió. Yo les decía que cómo vamos a tener un sistema previsional sobre el que ya sabemos que, por razones distintas —vivimos 15 años más, lagunas laborales—, no va a funcionar y hay que solucionarlo… Y, por ejemplo, en el caso de la reforma al sistema previsional de la Comisión Marcel, los acuerdos se hicieron en mi oficina, yo los hice, conseguí los votos en mucha materias contra la misma derecha. Pero anda a ver los informes de Libertad y Desarrollo, todos estaban en contra. Que no se podían licitar los dos primeros años de la vida laboral de los jóvenes, porque era un atentado a la libertad individual, que nadie postularía, etc. Siempre oponiéndose, nada se podía perfeccionar. Y son los mismos que estaban por el rechazo y a los que yo les decía cómo se puede estar por el rechazo, que ni Guzmán estaría por el rechazo, si a Jaime le gustaba discutir las ideas, pero nada… a mí me decían traidor (y para qué decir cuando hicimos lo de Lagos o cuando concurrimos con los votos para que la DC se reinscribiera).

Pero no fuimos capaces, y la Concertación tampoco, en algunas cosas. Porque si lo hubiésemos hecho bien y hubiésemos hecho los cambios en la previsión, en la Constitución, en las colusiones, en tantas cosas que te llevan a decir “paren”; si hubiésemos ido liderando y no frenando esto, yo creo que no hubiera ocurrido el 18 de octubre. Y en el caso de la Concertación, se le echaron cuando desahuciaron a Lagos, un político, para mí, de otra categoría. Para mí, ahí se acabó la transición y la Concertación.

Pero, volviendo a la Convención, la derecha debiera construir paralelamente una alternativa constitucional, buscar con quienes hacer un acuerdo moderado y razonable, que finalmente pueda ganar el plebiscito de salida. Es decir, si la derecha actúa con inteligencia y recibiendo la lectura sobre lo que quiere el chileno, que es hacer una Constitución nueva, para los próximos 40 años, y poniéndonos todos de acuerdo, y creo que hay un espacio para los demócratas para reencontrarnos y hacer una buena Constitución. Si eso se construye, se ganará por amplia mayoría.

Pero ¿crees que con los actuales convencionales eso se pueda lograr?

Si no son capaces de construir una Constitución moderada, no les van a dar más plazo y vamos a tener que votar, porque cuesta que les den más plazo porque la gente está indignada por los sueldos, los viáticos, por la refundación de Chile, por lo que escucha todos los días. Son de un extremismo que no interpretan a las grandes mayorías. Están cada día más desprestigiados. Entonces, si uno dice que no se les ampliará el plazo de un año, ya que para ello requieren una reforma constitucional, y no tienen los votos, porque se va a convocar a una nueva convención, y los convencionales se van a elegir en listas nacionales, para que puedan postular personas serias y preparadas de la derecha, la izquierda y el centro, para que nos hagan una Constitución para todos, con ese discurso puede ganar el rechazo para dar pie a hacer una nueva Convención.

Pero eso sería seguir y seguir haciendo constituciones….

No, no, no… Es más, hasta se puede ofrecer dejar a los actuales convencionales y sumarles a los nuevos, una Convención de 300 convencionales… Estoy improvisando alternativas aquí, pero si tú propones a la opción rechazo una variante de tranquilidad, de moderación, de equilibrio, a estas alturas de sensatez, que es lo que creo que la ciudadanía quiere —y la han defraudado—, yo creo que ese rechazo gana y vamos a haber muchos que transversalmente vamos a ayudar a liderarlo. Los que dirigen la Convención, jamás han sido mayoría en Chile. Hubo un gobierno débil y una derecha sin conducción que, se autoimpuso un plebiscito de entrada donde obviamente será derrotada, aceptó eligir a los convencionales a nivel distrital, cedió en la paridad de genero, cedió en la representación de los pueblos originarios, y finalmente cedió permitiendo que los independientes se pudieran sumar, igualándolos a los partidos políticos y de pasó contribuyendo a destruirlos. Y en ese escenario, aunque no quiero, estaría dispuesto a actuar, porque si me dices que la derecha de nuevo va a ir por el rechazo, liderada por los grupos más duros, sin proponer una alternativa al país, puede terminar ganando esa Constitución que están elaborando gente ideológicamente muy extremista, así que ante ese escenario hay que construir rápidamente una alternativa de moderación, si es que en este período los actuales convencionales no son capaces de construirla. El resultado de la primera vuelta contribuirá a ello.

Y si hay un gran consenso en torno a la propuesta de Bachelet, más tres o cuatro puntos nuevos, o con lo que haya que modificar para que haya una amplia gama de sectores democráticos que no quieren estas aventuras que están proponiendo refundar Chile, hagámoslo.

¿Tú ves liderazgos que pueda reconstruir un centro o al menos una cierta posición moderada? Porque estamos viendo un Chile antagónico…

Creo que vamos a entrar a una etapa muy refundacional. En la derecha, los partidos políticos están en una crisis. Les ganó primero Sichel, por fuera, en una primaria en que derrotó a los tres candidatos de los partidos, y luego José Antonio Kast fundó su partido que tiene en jaque a la UDI. Tienes un nuevo líder, con un partido propio, que no está dentro de la coalición. Pero me imagino que tendrá que moderar esa postura y en la segunda vuelta va a tener que gobernar con ellos, y ojalá que tengan esa capacidad; y lo mismo le va a pasar a Boric, que no puede seguir hablándole al sector más extremo de la izquierda. Así que creo que después de la polarización de la primera vuelta, para pasar a la segunda, va a venir una moderación, lo que también creo que pasará en la Convención.

Hay que tener en cuenta que ninguno de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta alcanzó el 30% de los votos, es decir, sacaron menos que los anteriores candidatos en primera vuelta, y van a tener que salir a buscar el voto de los otros, de los que los ven con mucha distancia porque uno es muy de izquierda y el otro muy conservador, porque este país no es tan de izquierda, pero tampoco tan de derecha. Entonces, ahora, ya calmadas las aguas, ¿dónde se encuentra el punto de equilibrio para que el país vuelva, al menos, a recuperar tiempo en el camino al desarrollo?

Yo creo que los candidatos se la van a jugar al mostrar quiénes serán los ministros de Interior y de Hacienda de cada uno, ahí estará la señal. Porque hay gente que me dice que de ganar Kast tiene que sacar inmediatamente tales o cuales leyes para poder gobernar, y yo les he dicho que José Antonio Kast va a tener gobernabilidad dependiendo de su gabinete. Si Kast tiene la capacidad de entender que tiene que hacer el gabinete equivalente al de Aylwin, gobernará mejor que Piñera y que todos. Para mí, ahí está la definición. Porque, insisto, estamos entrando en una etapa refundacional, y va a pasar lo mismo que le tocó vivir a la Concertación, con una transición de la que tienes que hacerte cargo.

Y si eso lo entiende Boric y se deja de andar refundando el país y, por decirte, anunciara que su ministro de Hacienda va a ser De Gregorio, puede convertirse en una Concertación 2.0, que es lo que creo que quiere el mundo moderado, o, mejor dicho, mayoritario, de la izquierda.

José Antonio Kast se juega su gobernabilidad en el gabinete y en el caso de Boric, no la gobernabilidad —porque creo que la gobernabilidad la manejan mucho más los grupos de izquierda—, pero sí la posibilidad de ganar y de hacer un buen gobierno, porque no tiene mayoría en el Parlamento. Y esa posibilidad está en el gabinete, no en las leyes que presentes en marzo.

O sea, ¿esto es una carrera del primero que arme un relato de centro?

Claro… Pero si la Concertación fue un gran relato: “Gana la gente”, no el pueblo, la gente, y eso fue un cambio político muy importante. Se acabó el pueblo, aquí estamos los de la UP, los de la DC, y se armó una cuestión impresionante… Después, “Crecimiento, pero con equidad”; y no hablo de los slogan, sino de los relatos, que tenían un contenido muy fuerte.

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