Cristóbal Bellolio: “Kast va a transformar el plebiscito de salida en un referéndum sobre la gestión de Boric”

El académico y analista advierte que si la Convención pierde reputación ante la opinión pública se pone en riesgo el plebiscito de salida, habla del antagonismo entre Jaime Bassa y Marcos Barraza y de los ejes de poder en el órgano constituyente.

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Marcela Jiménez

“En todos los cálculos la derecha iba a tener más peso y que no lo tenga, ha contribuido para esta sensación que se ha radicalizado un poco y el Frente Amplio ha tenido que jugar un rol más moderador, de bisagra, en algunas cosas ha hecho ganar a la derecha y en otras al PC y la ex LDP, ese rol será clave para abrochar acuerdos en los meses que vienen”, sentencia de entrada Cristóbal Bellolio, analista, doctor en Filosofía, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y ex candidato a la Convención Constitucional.

En conversación con www.alertaley.cl, hace una suerte de radiografía del momento actual de la Convención: “Ha sido capaz de ir cerrando esclusas, como dicen los abogados, de avanzar y no quedarse entrampada en cosas que habrían sido muy nocivas como aprobar los reglamentos, primero en general y luego los específicos; la confirmación de los 2/3, un acierto político de la mesa de la CC y del FA; la integración a una mesa ampliada también. Esas cosas han sido positivas. No veo con malos ojos que exista una vinculación afectiva-emotiva con el estallido social, no me escandalizo con la dimensión performática del estallido, la tía Pikachú o el que canta en su discurso, me parece que dan cuenta de que los elencos que están participando de este proceso no son los tradicionales y eso es positivo, representan la diversidad de Chile de una manera más fiel a lo que estábamos acostumbrados en organismos tradicionales como el Congreso”.

Pero Bellolio también dibuja los escenarios, riesgos y desafíos que debe sortear el órgano constituyente durante los próximos meses y hasta el final de su mandato. “Hay una presión inflacionaria, maximalista y no se si eso refleja un entendimiento cabal de la herramienta político-jurídico que es una Constitución, que al menos en la tradición del constitucionalismo liberal -a la que yo adscribo- es un mínimo común denominador, está aquello que nos une y no la bandera de cada uno (…) me parece que podría ser problemático que finalmente tengamos muchas razones identitarias, que se plasmen en un reconocimiento muy fragmentado de distintos grupos, sin que tengamos la capacidad de hincar en aquellas cosas centrales que definen nuestra vida política en común”, explicó.

-¿Ese podría transformarse en el mayor riesgo los próximos meses?

-Esta cosa más performática y más identitaria debería irse diluyendo. Existía la necesidad de muchos grupos que han sido históricamente desplazados en la toma de decisiones de decir aquí estamos, de entrada, de manera muy clara. Me da la impresión que ahora que hay que decidir cosas que tienen cierta dificultad técnica, en la cual no es tan relevante si eres de una disidencia sexual o no como la forma del Estado, el régimen de gobierno o el control de constitucionalidad, uno podría esperar que hallan argumentos que no tengan que ver tanto con quién los dice, sino que con la calidad misma del argumento. En las audiencias públicas que están ocurriendo ahora, donde no solo se han incorporado activistas de la sociedad civil, sino que también académicos, se ha validado el saber experto y eso me parece positivo.  

-La semana pasada expusiste ante una de las comisiones temáticas. En algunas se ha llegado a 1.700 solicitudes. ¿Qué te parecen como instrumento de participación y de insumo constitucional?

-Hay algunas intervenciones donde lo que están tratando de hacer es de proveerle insumos de calidad a los constituyentes, para que tomen la mejor decisión. Ese tipo de audiencias se mezclan con las de algunos grupos que van a defender sus intereses, como gremios, grupos sindicales, empresariales, el Poder Judicial, que en todo su derecho van a decirle a la Convención como ven las cosas, su historia, problemática, etc. Esos insumos a veces también son relevantes, pero me da la impresión que hay una disonancia, dos tonos distintos.

-¿No funciona como un espacio más catártico para ese segundo grupo?

-Creo que sí. Hay una dimensión catártica en la cual todos sienten que tienen que ser escuchados por la Convención, y por el otro lado, también de los convencionales de sentir que tienen que referirse a todos los temas que están ocurriendo. Hay una especie de incontinencia de la contingencia. Pero es cierto, hay una necesidad de incluir a todas las voces para que después nadie diga que no fue escuchado y la CC de alguna manera, está asumiendo ese rol, casi sicoanalítico, de ser la que escucha a todos.

-¿Un intento también por cuidar y no perder la legitimidad ante la ciudadanía?

-Correcto. La instauración de estas famosas semanas territoriales va en la misma línea. Si te das cuenta, una semana de cada cuatro es bastante, teniendo en cuenta que tienen que terminar el trabajo en nueve meses, pero es una necesidad de la Convención por legitimarse frente a la opinión pública, a la ciudadanía, para que no perciban que este es un grupo de gente que se llevó la pelota para la casa, una nueva clase política que se encierra sobre sí misma, sino que está en permanente contacto con la población que los eligió. Me parece que quizás sea un costo que hay que asumir, porque no nos olvidemos que independiente de la calidad del texto final, la gente cuando llegue la hora de votar en el plebiscito de salida va a mirar cuál es la evaluación, la reputación, la aprobación o rechazo del ente que la creó. Que la Convención pierda reputación del punto de vista de la opinión pública pone en riesgo el plebiscito de salida, es importante que invierta en su propia legitimidad.

-En esa misma línea, ¿Qué papel juegan la iniciativa popular constituyente y el plebiscito dirimente?

-Me parece más interesante ver de qué manera la nueva Constitución va a incorporar ciertos mecanismos de democracia directa, participativa, cómo las va a establecer como complementarias a la democracia representativa. En la Convención misma no me centraría tanto en eso, porque estamos contra el tiempo, es poco eficiente. Además, gran parte de las consideraciones que podrían emanar de la iniciativa popular ya están contempladas en la diversidad de constituyentes que hay, los hay para todos los temas.

Los plebiscitos dirimentes son un problema, porque son una manera de burlar la regla de los 2/3. Ahora, aquí nadie sabe para quien trabaja. La izquierda, sin contar al FA, tiene un tercio, mañana podría vetar la autonomía del Banco Central, y entre la derecha, el FA y el centro aprobarla, llegando a más de 3/5 y que sea la derecha la que incluya el tema en el plebiscito dirimente y la ciudadanía ratifique esa autonomía. Hoy por hoy, el tercio que podría vetar grandes acuerdos pareciera ser el polo de izquierda comandado por el PC, evitar que haya 2/3 en algunas materias, pero ojo, no los 3/5.

El eje de poder y la sombra de Kast

-Hablando de vetos ¿Dónde está hoy el verdadero eje de poder e influencia en la Convención?

-Por lejos el eje de poder está en el FA, que ha logrado una muy buena comunicación con el Colectivo Socialista (CS) y hasta cierto punto con Independientes No Neutrales (INN). Me parece que ahí está el eje de la Convención. Es muy difícil que una propuesta pase sin el concurso de este grupo del FA y el CS. De hecho, si quieren lograr los 2/3 hacia la derecha lo puede hacer, y si quiere hacerlo con la izquierda y aislar a la derecha, lo puede hacer, pero nunca sin él. Son los únicos que no salen del bando ganador.

Es interesante, porque creo que ellos estaban esperando jugar un partido distinto, con una derecha mucho más fuerte donde fueran la izquierda de la Convención, pero ahora que hay una derecha debilitada y una izquierda más radical que ellos, tienen que asumir una posición más moderada, estratégicamente han tenido que asumir una cierta madurez frente al proceso. Se dan cuenta que el día de mañana, si esto sale bien o mal depende mucho de ellos. Si quieren abrochar grandes acuerdos, para que todos sientan que sus huellas dactilares están en la nueva Constitución, pueden lograrlo. Si quieren excluir radicalmente a un grupo como podrían hacerlo con la derecha, pueden hacerlo, pero saben que es poco sustentable desde el punto de vista político con miras al plebiscito de salida.

Sobre todo, ahora que Kast está tan envalentonado, en parte, porque mucha gente que aprobó este proceso, una vez que se dio cuenta que tomaba un cariz más refundacional del que les habría gustado, hoy están siendo más escépticos respecto del plebiscito de salida. Hoy día Kast no es solamente el candidato del Rechazo, hay mucha gente del Apruebo frustrada, desilusionada que va a votar por él, hay un cambio en su discurso. En parte, sin quererlo, hay muchos convencionales que le han hecho la pega a Kast.

-¿Cómo es eso?

-Cuando los convencionales se esmeran en destacar el problema de los presos de la revuelta, pero olímpicamente ignoran los otros sucesos de violencia que se viven, obviamente esas señales públicas un sector moderado de la población no las interpreta favorablemente. En ese sentido, Elisa Loncon -y lo digo directamente- era una muy buena idea, mujer, mapuche, de región, académica, tenía una serie de características que la hacían una muy buena elección como presidenta de la CC, sin embargo, no creo que haya estado a la altura de las expectativas de ponerse muchas veces por sobre el conflicto y tratando de articular las distintas posiciones, todavía está al debe.  

-¿Te refieres solo al tema del conflicto mapuche o a otras áreas de su gestión?

-A otras áreas. Ella fue la que originalmente dijo a los cristianos que su bandera no iba a estar en el pabellón del aniversario del primer mes de la Convención, porque eran un grupo históricamente dominante, o cuando habló de la derecha como el grupo de los privilegiados. Es un tipo de lenguaje que perfectamente puedes tener cuando representas una posición específica, pero cuando eres presidenta se espera que tengas un rol menos partisano. No digo que tiene que estar por sobre el bien y el mal, pero no se ha consolidado como ese personaje que la Convención necesita que sea. Jaime Bassa ha estado muy bien en lo general, él comprende las complejidades de este proceso y permanentemente, más que su opinión específica se imponga, entiende lo que es bueno para la CC.

-Durante estos meses se han visto muchos cambios en las correlaciones de fuerza. ¿Cuál ha sido el más definitorio para la Convención?

-Lo más interesante es la desintegración de la Lista del Pueblo (LDP) y la caída de Rodrigo Rojas Vade, ha sido un elemento tremendamente influyente en la percepción de la gente sobre la Convención, no le hizo bien al prestigio de la CC, porque era un representante del octubrismo, el ethos del estallido social, encaraba a los poderosos, los impugnaba y cuando la gente se da cuenta que él mismo estaba igualmente corrompido, obviamente pierde la fe y la esperanza en parte del proceso.

Hay otro elemento. El PC junto al FA están ad portas de ser Gobierno, sin embargo, en algunas de las votaciones más emblemáticas esa alianza se ha partido, como cuando se decidió integrar a la derecha a la mesa y en la ratificación de los 2/3. El antagonismo entre Bassa y Marcos Barraza (PC) ha sido en muchos aspectos mucho más interesante de observar políticamente que el de Marinovic y Loncon, que es más performático. Me da la impresión que Bassa y mucha gente de FA piensa que el PC no está comprometido con el éxito del proceso, que le está poniendo palos a la rueda.

Para hacer el argumento del otro lado, en la derecha también existe la percepción en sectores más moderados y dialogantes que algunos en la UDI tampoco están interesados en el éxito del proceso, que no están dispuestos a dejar sus posiciones sustantivas de lado para que esto salga bien, negar la sal y el agua, y decidieron no quedarse al margen de la historia.

-¿Esa separación de aguas en la derecha era inevitable?

No se que habría pasado si es que la derecha hubiera tenido un tercio. Si eso hubiera pasado, la líder indiscutida del proceso habría sido la Marcela Cubillos, pero como no lo tiene, no sacas nada con ser el líder de un grupo amurrado cuando la mayoría de la CC te puede ignorar olímpicamente y seguir adelante. Estas obligado a cambiar de estrategia y, por lo tanto, me parece más inteligente lo que hace Hernán Larraín o un Cristián Monckeberg.

Si todo esto anticipa otras cosas, es super interesante. Dije varias veces que era esperable que la Convención no se moviera como lo hace el sistema de partidos tradicional y lo visto hasta ahora, lo confirma. La pregunta interesante es si la manera cómo se están moviendo las cosas en la Convención, de alguna manera anticipa o sugiere cambios en el mapa político nacional.

Podría ocurrir mañana que esa derecha más moderada, liberal, de centro, podría sencillamente cortar lazos con la más dura que representa la UDI y Republicanos. Podría ocurrir que también se muevan las placas por el otro lado, lo que está ocurriendo con el FA y los socialistas, ¡está cantada esa jugada!, hoy el mundo PS joven se siente mucho más cercano al frenteamplismo que a los propios patriarcas de su sector, hay gente joven en la Convención, como Ricardo Montero o César Valenzuela, que te aseguro son más similares a sus pares del FA en la CC que a los barones de su partido.

-¿La estrategia de la derecha dura en la CC tiene fecha de vencimiento?

-Depende de los escenarios. Si Gabriel Boric le gana estrechamente a Kast en segunda vuelta -hablo de menos de 10 puntos, 54% a 46%, lo que sería un tremendo resultado para JAK, porque sería más del doble de lo que obtuvo el Rechazo y mucho más de lo que logró la derecha en la Convención- no me extrañaría que hubiera mucha gente que dijera, bueno, si ya tuvimos un candidato presidencial que sacó más de 40%, bueno, sigamos apostando a ese caballo, para que encabece el Rechazo en el plebiscito de salida. JAK va a transformar el plebiscito de salida en un referéndum sobre la gestión de Boric, y como las lunas de miel de los gobiernos duran cada vez menos, con una coalición nueva que tendrá un montón de problemas de instalación, cada error y cada lujo que algunos pretendan darse en la Convención, lo va a capitaliza Kast.

Lo que hasta hace un tiempo parecía obvio, que el plebiscito de salida estaba ganado, yo no lo veo tan evidente. Por eso, tampoco me parece tan obvio que la estrategia de Cubillos y compañía tenga fecha de vencimiento hoy, porque no sabemos qué va a pasar.

Constitución identitaria

-Ya está definido el cronograma de la CC con la extensión de los 3 meses, pero hay sectores que ya instalaron la opción de alargar el mandato más allá del año. ¿Un error hablarlo ahora?

-Me parece que la posición prudente es la idea que en principio hoy no parece necesario entrar en esa discusión, porque si ya hoy estas pidiendo más tiempo, la población lo va a percibir como más gasto, seguir manteniendo a los convencionales, que no hacen la pega. Hay toda una campaña viral de parte importante del mundo de la derecha de presentar la Convención como un circo, como unos flojos, se preocupan de su propio beneficio y piden más plata para ellos. Sabemos que eso no es así, pero hay gente que está dedicada a busca cosas para ridiculizar la CC.

La Convención debiese tener más ojo respecto a las señales que envían hacia afuera. Si al final terminas tu pega y te das cuenta que vas a necesitar un mes, dos meses más para la votación final, bueno, ahí se hace, ver una reforma, en eso no debería haber mayor problema, pero hoy no debiera estar eso sobre la mesa.

– A la luz de lo visto hasta ahora ¿Cuál será el tipo de Constitución que crees que tendremos?

Va a ser una Constitución fuertemente identitaria. Los convencionales se van a ver presionados a estar haciendo permanentes reconocimientos a grupos que han sido históricamente marginados de la toma de decisiones. En ese sentido, vamos a ver a mucho órgano del Estado en el que se va a exigir paridad, plurinacionalidad, eso no va a ser solamente una declaración.

Me da la impresión que esta Constitución va a ser más verde que roja, o sea, que el problema no va a ser tanto que el extractivismo esté en manos de privados o del Estado, sino el extractivismo como tal. Hay un amplio, amplio número de convencionales que de alguna manera se han definido como partidarios de una Constitución ecológica, qué significa eso en la práctica, bueno, hay distintas variedades de verdes, no todos son iguales.

Finalmente, es importante ver cómo queda el catálogo de garantías y derechos, porque a pesar que hoy nadie quiera una Constitución que limite mucho el poder de las mayorías, lo cierto es que, si la Constitución no limita el poder de la voluntad popular en nombre de los derechos individuales, entonces no es una verdadera Constitución. De alguna manera las mayorías contingentes tienen que tener un límite para que los individuos y minorías puedan desarrollar su proyecto de vida. Me parece súper importante que no caigamos en la tentación de establecer un tipo de vida buena, porque en una sociedad pluralista, las personas viven de acuerdo a sus concepciones y el Estado respeta ese pluralismo.

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