Claudio Alvarado es abogado y director del cada vez más influyente Instituto de Estudios de la Sociedad. El IES advirtió desde los inicios los riesgos del relato del gobierno de Piñera, y estudió a fondo el descontento asociado al estallido, en un debate único con la socióloga Katya Araujo. Con la sinceridad y rigor intelectual que lo caracteriza, conversa con Alertaley.cl evaluando el primer mes de la Convención.
De acuerdo a la última encuesta Criteria habría más desaprobación que aprobación a la Convención Constitucional. Al respecto, en conversación con AlertaLey, Cristián Valdivieso, director de Criteria, sostuvo que no es que la gente esté en contra de la idea de la Convención y que se haya desilusionado, sino que la Convención está empezando a parecerse a la “política tradicional”. ¿Qué opinas tú del estado actual de la Convención?
Me parece muy interesante lo que plantea Valdivieso, porque efectivamente la Convención partió con mucha legitimidad, de la mano del triunfo del apruebo y de la renovación que prometía la elección de los convencionales, que funcionó con lógicas distintas a lo que tradicionalmente han sido las elecciones de las últimas décadas, encarnando una promesa de grandes cambios, no solo desde la perspectiva de plasmar un orden constitucional diferente sino de renovar la forma de hacer política. Entonces, si uno contrasta esa promesa con lo que ha sido el primer mes de funcionamiento, se puede entender con cierta facilidad por qué la Convención haya ido perdiendo credibilidad y se ha empañado esa promesa de renovación que era la que daba la mayor legitimidad.
Cristián Monckeberg, también en conversación con AlertaLey, nos señaló que ellos querían integrar la mesa y buscar acuerdos; pero, ayer, Arturo Zúñiga, que fue autoridad de este gobierno, le dijo a Marcos Barraza, exministro de Bachelet, “usted es comunista y lo único que usted quiere es empobrecer a la ciudadanía”, mostrando una actitud muy distante del planteamiento de Monckeberg. ¿Qué rol crees tú que debería cumplir la centroderecha en la Convención?
En primer lugar, me parece que la principal responsabilidad recae en las distintas fuerzas de izquierda, pues ellos son los que tienen las mayorías. No obstante, cuando hablaba antes de sombras, también pensaba en la actitud de ciertos convencionales de derecha que transmiten un ánimo muy poco constructivo, y las declaraciones de Arturo Zúñiga entran perfectamente en esa actitud, que no creo que sea mayoritaria pero que se observa en una parte de los convencionales de la UDI y que llevan a preguntarse si lo que están haciendo es pensar desde ya en el plebiscito de salida y un eventual rechazo. Ahora bien, no se observa lo mismo en otros convencionales de la derecha, como muchos de RN o Evópoli, que muestran una actitud más constructiva, de intentar tender puentes, defendiendo sus planteamientos y teniendo su opinión, pero de modo constructivo, intentando dialogar, lo que se mostró en la elección de la vicepresidenta Lorena Céspedes, de Independientes No Neutrales, que contó con votos de convencionales de RN.
Se está viendo en redes sociales una evidente campaña que, aún antes de que exista un nuevo texto constitucional, estaría promoviendo el rechazo en el plebiscito de salida. ¿Cuál debiera ser el discurso de la centroderecha? ¿El del rechazo en el plebiscito de salida o debiera haber otro?
A mí me parece un despropósito plantearse el rechazo desde ya, pues si bien el rechazo es una alternativa válida, lo es una vez que conozcamos el texto, no antes de que ello ocurra. Creo que todos debieran entrar en la lógica de que esto resulte lo mejor posible, primero, por motivos de responsabilidad de Estado, pues este fue el camino que se abrió por la vía institucional para canalizar la crisis que explotó en octubre de 2019, y, segundo, en el caso particular de la centroderecha, porque, sabiendo que las circunstancias son muy difíciles, que hay un sector de la izquierda intolerante, la Convención representa para ellos una oportunidad: la de transmitir una cultura política diferente, comprometida con el nuevo ciclo político del país, con plantear su propio proyecto de cambios, su visión de cómo las cosas pueden mejorar.
En ese sentido, parece que la mesa dirigida por Loncón y Bassa, que navega en aguas difíciles, ha logrado navegar bien, enfrentando a grupos conflictivos, pues en la izquierda hay sectores que parece que tampoco quieren una nueva Constitución sino que buscan forzar una suerte de situación prerevolucionaria… ¿Tú lo ves así?
Yo soy un poco más crítico con Loncon y Bassa, reconociendo que han tenido momentos de aciertos, en los que transmiten un rol de conducción responsable, como por ejemplo la apertura para que se eligiera vicepresidencias que permitieran incorporar a las distintas fuerzas políticas, incluida la centroderecha, pero me parece que lo que ha predominado, al menos en su discurso político, un ánimo de revancha política y cultural y de defensa de ciertos grupos. Como muestra, Elisa Loncon ha dicho en la prensa que el quórum de dos tercios es dictatorial y, por otro lado, rehusó —con malos argumentos, a mi entender— que un convencional evangélico pusiera una bandera cristiana; o Jaime Bassa, que en una entrevista televisiva metió en un mismo saco los años de la transición con los años de la dictadura. En definitiva, han tenido, sin duda, momentos adecuados, pero ha predominado un ánimo de revancha que no colabora con el éxito del proceso, por lo que lo mismo que le pedimos a la UDI se lo debemos pedir a ellos, que entremos en un ánimo constructivo.
Al iniciase el proceso surgieron dos temores: que se eternizara, generando incertezas, y que se cuestionara la norma de los dos tercios. Al parecer, ambas cosas se han ido despejando y hay una mayoría que acepta el quórum y los plazos impuestos. ¿Coincides con esa visión o crees que la construcción del reglamento se extenderá y se seguirá discutiendo la norma de los dos tercios?
Me parece —aun cuando siguen apareciendo voces que lo discuten— que todo indica que la mayoría de los convencionales se decanta hoy por la institucionalidad vigente, y la llave para que eso se respete está en las manos de quienes tienen las mayorías —pues nadie duda que la centroderecha va a estar por respetar el quorum de dos tercios—, en las distintas fuerzas de izquierda, y en particular en quienes pueden ofrecer conducción, como el Partido Socialista o el Frente Amplio, grupos que mayoritariamente estarían comprometidos con los dos tercios y el respeto a los plazos, lo que es una buena señal para el éxito del proceso.
Debido a los retrasos por la pandemia, la discusión de los temas de fondo en la Convención van a coincidir con el período más álgido de la campaña presidencial. ¿Cómo ves esta situación?
Obviamente, lo ideal es que tengamos una mayoría de convencionales que sea capaz de aislarse de la coyuntura, que esté siempre pensando en el largo plazo y que logre un rayado de cancha institucional que ayude a que se desplieguen las grandes mayorías democráticas, pero sabemos que eso es altamente inviable y que los hechos políticos actuales inevitablemente repercuten en la Convención. Para mí, eso tiene un aspecto negativo, que es el distraerse de sus tareas y estar más preocupados de discutir sobre cosas que no tienen que ver directamente con lo constitucional o de intentar instalar temas al interior de la Convención pensando en sus efectos en la discusión política ordinaria. Pero, por otro lado, tiene también un aspecto positivo, que es que los convencionales reciban el recado desde las urnas de que Chile es un país en el que existe la izquierda, y también la centroizquierda, la centroderecha, con arraigo electoral, con capacidad de encantar y cautivar al electorado.
Existe la posibilidad de que el plazo de un año sea declarado como insuficiente para la redacción de la nueva Constitución. ¿Crees que hay piso para que eso ocurra o que dependerá de quiénes salgan electos como Presidente de la República o como parlamentarios?
Gran parte del éxito del proceso se juega en el respeto a las reglas vigentes, por lo que no debiera haber ningún piso para alargarlo, ni por un segundo. Creo que a los convencionales tenemos que exigirles lo mismo que les exigimos al resto de las autoridades públicas —y más aún a ellos, considerando la importancia de su misión—, que es que hagan su trabajo en los plazos establecidos, y considero que tanto el presidente como los parlamentarios que sean electos debieran tener como principal preocupación poder desplegar sus programas, hacer su trabajo y responder a las inquietudes ciudadanas actuales. Entonces, ellos también debieran ser los principales interesados en que la Convención termine en tiempo y forma, pues alargar los plazos no le conviene a nadie.
Se ha visto que hay una preocupación en la Convención por lo que califican como un ambiente comunicacional hostil, al que se suma la posibilidad de que ellos mismos no hayan sido capaces de explicar bien lo que están haciendo. ¿Crees que eso es así?
No, y creo que este es el típico error en que se suele caer y en el que, por ejemplo, incurrió la centroderecha cuando pensaba que sus problemas políticos eran de índole comunicacional o que bastaba un poco de marketing para arreglar los desaciertos del gobierno de Piñera. Son los errores, los discursos de ciertos convencionales los que han colaborado con el desprestigio de la Convención. Por eso, lo que debiera hacer la Mesa Directiva y los convencionales que están preocupados es intentar generar un ánimo constructivo que lleve a que la ciudadanía perciba que los convencionales están haciendo su trabajo.
… Pero la misma encuesta Criteria que señala que se desaprueba el trabajo de los convencionales muestra una aprobación a la figura de Elisa Loncon…
Lo que pasa es que en ella confluye algo que no hay que perder de vista, que es su fuerza simbólica, por ser mujer, por ser mapuche, y que probablemente esté gozando de la “luna de miel” de la que gozan los presidentes cuando están recién electos. Pero una muy buena valoración inicial se puede perder rápidamente si no se hace bien el trabajo. Por ello, el desafío de Elisa Loncon es no confiarse en esta credibilidad inicial, no dormirse en los laureles, no darse ciertos gustitos políticos, sino que intentar colaborar, junto a los demás convencionales, a que la Convención navegue bien y resulte del mejor modo posible- Nuevamente lo digo: les tenemos que pedir mayor ánimo constructivo, en especial a ella como presidenta de la Convención.





