Hay un sector de la centroderecha que votó apruebo, ¿cómo votaste tú en el plebiscito?
Yo voté rechazo; incluso aparecí en la franja del rechazo. Voté rechazo porque creía que Chile no estaba preparado para un momento de cambio constitucional, con una crisis económica, con un estallido delictual, además de una pandemia. Había muchas situaciones de contexto país y creí que no era un momento propicio para un cambio constitucional. Pero esa opción perdió y estamos en una democracia, uno tiene que aceptar esa derrota. Entonces, decidí —como muchas veces en mi vida— pararme y decir ‘bueno, si vamos a tener este cambio en Chile, hay que hacerse partícipe activamente’.
Mi forma de participar fue ser candidata y poder ser un testimonio de la diversidad social del país. Soy maipucina, hija de feriantes, soy profesional gracias al esfuerzo de mi familia. Lo que yo busco en el proceso constitucional es poder representar historias como la mía, historias de esfuerzo y sacrificio, y que todos estemos representados.
La Constitución no es un trofeo para la derecha ni para la izquierda, ni para los conservadores ni para los liberales. Es un trofeo para las personas, pues va a regir el Chile que queremos para el futuro.
¿No habría una contradicción entre oponerse a este proceso y ser candidata?
No es contradictorio haber votado rechazo y querer hoy día escribir la Constitución. Estamos en democracia y la democracia permite la participación de todas las personas, tanto los que creyeron que Chile no estaba preparado para un cambio constitucional como para los que decían que la Constitución va a ser la solución a todos los problemas, que no es algo real.
Yo me di cuenta de que si no estábamos en la calle lo íbamos a perder todo. Porque la única forma de conectar con las personas, de entender y ser empáticos sobre por qué creyeron en el apruebo era conversando con ellos. Yo partí en la feria, sola, con una carpeta; me fui a la feria donde trabaja mi papá. Me fui dando cuenta de las altas expectativas que había sobre el proceso, y tuve que darle una bajada de realidad; porque la Constitución no es un programa político, tampoco el instrumento que va a resolver las urgencias sociales. Eso no es verdad.
¿Y hoy día crees que el país está preparado?
Los dados ya están echados, retroceder y creer que no estamos preparados, ahí sí sería incoherente. Más del 80% de los chilenos creyeron en este cambio constitucional.
Supongamos que sales electa, ¿cuáles son los valores que vas a defender en la convención?
Lo primero, y para mí fundamental, es que la persona sea la centralidad del Estado. Eso está en la Constitución y debemos mantener ese contexto, donde el Estado está al servicio de nosotros y no nosotros al servicio del Estado.
Y para mí es fundamental el derecho a la vida. Yo creo en la vida desde la concepción y es para mí importante defender y promover este derecho en la Constitución. Y, por último, la familia como núcleo de la sociedad, donde nuestros padres tienen el derecho preferente a educarnos, y luego vamos sociabilizando y desarrollándonos como personas.
¿Todo tipo de familias? ¿Te abrirías a que se estableciera a una definición más amplia, que señalara la familia en todas sus formas, o lo dejarías fuera?
Yo creo que hay un ideal de familia, una familia natural, y obviamente que es entre el hombre y la mujer y los niños que vayan naciendo o adoptando, que se van formando dentro de esa familia. Creo que el Estado debe proteger y promover ese tipo de familia que es una familia natural, un ideal.
Por distintas circunstancias de la vida hay otros tipos de familia, y no solamente la discusión entre la familia heterosexual y la homosexual. A veces tenemos la discusión sobre las familias centrada en eso, pero hay familias monoparentales, que deben tener su reconocimiento. Creo que eso no es materia de la Constitución: la Constitución debe consagrar a un ideal de familia.
Los otros tipos de familia deben ser abordados por las leyes y las políticas públicas respecto a las necesidades que tienen; también tienen que ser ayudadas y acogidas por el Estado.
¿Pero no las pondría eso en una desigualdad?
No es que no estén en igualdad ante la ley, la igualdad la tienen por el hecho de ser personas. No creo que porque no se diga familia en todas sus formas no haya igualdad ante la ley.
¿Cuáles son los temas que vas a ir a defender, como representante de la UDI?
Para mi es muy importante el derecho a la educación, que es el derecho a salir adelante. Mi papá es feriante, llegó hasta sexto básico; mi mamá fue asesora del hogar desde los 13 años y llegó hasta octavo básico. Lo que ellos me pudieron dar a mí fue educación. Para mi papá, que su hija pueda llegar a redactar la Constitución es algo que lo llena de orgullo, porque es inesperado para nosotros. En ese sentido, el derecho a la educación de calidad es fundamental. Si bien la Constitución no va a medir la calidad, sí es importante que se hable del derecho a una educación de calidad, porque va a generar un mandato desde la Constitución y que la educación pública que tanto añoramos no sea distinta a la particular o subvencionada.
A lo que yo apuesto siendo parte de este proceso es a que mi historia no sea una excepción, sino que sea un denominador común; que todos tengamos acceso a esas oportunidades. Si bien hemos crecido mucho en Chile, hay mucho más acceso a la educación que la que tuvo mi papá o mi propio hermano, tenemos que llegar a más personas. Creo en una sociedad pluralista y también en el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos, que los padres tomen las decisiones y no el Estado.
También es fundamental el derecho a vivir sin miedo. Una de mis propuestas es que se den mayores atribuciones a las municipalidades, a través de la Constitución, en materia de seguridad, pues son quienes conocen su realidad. Es fundamental el derecho de los chilenos a poder vivir sin miedo. Hoy, hay pocas herramientas para que el Estado garantice la seguridad; y, obviamente, esto se tiene que conversar bien con las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Hoy las urgencias de los políticos están muy desconectadas de lo que viven las personas.
También sobre trabajo: poder emprender libremente y trabajar en forma libre y tener una remuneración justa.
¿Tú crees que el derecho preferente de los padres y el trabajo podrían verse afectados por quienes promueven una nueva Constitución? ¿Es para ti una preocupación?
En temas de educación no está tan claro que un sector de la oposición quiera establecer la libertad de enseñanza, porque ellos asocian la libertad de enseñanza al tema de la gratuidad. Tenemos distintas posturas sobre la administración de los establecimientos, pues ellos la asocian a la gratuidad y los padres no pueden elegir. En educación vamos a tener muy distintas visiones. Mi sector está mucho más preocupado por la calidad y lo que pasa en la sala de clases.
Pensando en la convención, ¿podrías tener cercanías con la centroizquierda en algunos temas o te ves en el sector más conservador en la derecha?
Los dos tercios son una buena herramienta para poder llegar a un acuerdo que no dependa de una mayoría circunstancial. Es lo que va a hacer que las ideologías políticas no estén por sobre las personas y el país. Yo no podría decir hoy cuáles son los temas en los que voy a estar de acuerdo; quizás podría ser en educación de calidad y en protección de la infancia.
¿Cuáles son los temas que ves más divergentes?
Creo que el derecho preferente de los padres. Y quizás en cómo entendemos los derechos sociales, que tienen que estar. Pero que un derecho sea un derecho no significa que sea gratis para todos. Cuando hablamos de derechos sociales estamos hablando de justicia social.
Va a haber diferencias, porque la oposición está por una opción Estado social de derechos, mientras que yo estoy por un Estado más pequeño que aborde las necesidades de las personas y les dé servicios de calidad.
Otro punto puede ser el Tribunal Constitucional. Algunos en la oposición están por quitarlo de raíz. Es un organismo autónomo que controla el poder de los políticos, que no hagan lo que ellos quieran. Y yo no quiero que los políticos hagan lo que quieran con todas las cosas del país. Al sacar el Tribunal Constitucional me pregunto cuál va a ser el organismo que va a controlar el poder del Congreso, del Ejecutivo. A lo mejor que tenga una regulación distinta, pero no eliminarlo.
¿Mantendrías o cambiarías el sistema político?
Yo mantendría el sistema político de dos cámaras y la separación de los poderes. Nuestra tradición constitucional ha sido de esta manera. Hoy, como país, no estamos preparados para un régimen semipresidencialista, porque no es parte de nuestra cultura, sería demasiado profundo. Sí creo que hay cosas que discutir respecto a que el presidente tiene muchos problemas para llevar sus propuestas a cabo debido al sistema proporcional, que lleva a que el Congreso esté muy fragmentado.
¿Crees que el estallido social permitió este proceso de cambio constitucional?
No creo que este proceso constitucional haya nacido solo del estallido; creo que es un antecedente relevante pero no determinante. Desde 2011 se generó un malestar hacia la Constitución con los movimientos estudiantiles, que llevó a la ex Concertación a renegar de su pasado, de las reformas constitucionales que habían hecho; que habían quitado la firma de Pinochet de la constitución. Ricardo Lagos dijo que por fin había una constitución democrática. Ellos desconocieron todo eso.
La presidenta Michelle Bachelet intentó iniciar un proceso constituyente que no prendió nada, no cautivó los corazones ni lo que querían las personas. No tuvo suficiente arraigo en la ciudadanía. Al final, el estallido fue una condición objetiva que aceleró el proceso de este cambio constitucional que quería la izquierda, pero que no era lo que la gente quería.
La gente quería solución a sus problemas, ahora. De pensiones, de salud, de educación, de vivienda… La Constitución no resuelve los problemas de urgencias sociales. Si los políticos hoy tuvieran la voluntad de cambiar las cosas, lo podrían hacer. Hay que dejar de seguir mintiéndole a la gente porque esto no es así.
¿Cómo ves el tema de las expectativas que hay en la ciudadanía?
Las expectativas sobre la nueva Constitución puede ser un problema de futuro, el cual parece que los políticos no quieren ver. Si en este proceso no somos capaces de decirle a las personas que la Constitución no va a solucionar sus urgencias sociales ahora ya, nos podemos enfrentar a un estallido mucho más grande.
Hay que ver mecanismos de participación. Si salgo electa, quiero armar cabildos, espacios de participación ciudadana durante todo el proceso. Como representante, tienes que hacer que los que creyeron en ti participen a través de ti durante todo el proceso constituyente; tal vez así se pueda evitar un segundo estallido social.





