No es un secreto. Se ha hablado en distintas reuniones, en los pasillos de la sede del Congreso en Santiago y, el Palacio Pereira, incluso se ha abordado en declaraciones públicas. La Convención tiene un problema de comunicación, uno no menor, porque la ciudadanía no comprende bien qué es lo que se está haciendo en estos días y ya en su séptima semana de trabajo, eso ha mermado en parte la evaluación positiva que tiene la gente de su desempeño. Un flanco en el que se está trabajando a toda máquina para solucionarlo, porque juega un papel clave en el respaldo y la legitimidad que debe tener este proceso constituyente en los diez meses y medio que restan.
La encuesta Criteria de la semana pasada prendió las alarmas. Solo un 30% evaluaba bien el trabajo de la Convención y un 47% lo criticó, principalmente por considerar que hay “demasiada lentitud en los avances”. A eso se suma que casi todas las semanas ha habido polémicas que “ensucian” la imagen de la CC y se roban el foco de atención, como el intento de marginación del convencional UDI, Jorge Arancibia, de la comisión de derechos humanos, el debate artificial sobre la eliminación de la palabra República en la propuesta de Reglamento, declaraciones tan rimbombantes como provocadoras de algunos constituyentes, especialmente de los ligados a la UDI, y las campañas en redes sociales en las que se fustiga sin misericordia las distintas decisiones que adopta la Convención Constitucional.
En nada ayuda que si bien el proceso de instalación concluyó el 4 de agosto cuando la Convención cumplió un mes, estas semanas los constituyentes están dedicados full time a elaborar –a través de 8 comisiones provisorias- la propuesta de reglamento definitivo. Un tema árido, técnico, engorroso, que tiene varias etapas (subcomisiones, comisiones, pleno, debate, indicaciones, votación), pero que es de gran trascendencia para ordenar todo el proceso de discusión de los temas de fondo de la nueva Constitución y darle legalidad a lo que se resuelva en los próximos meses.
Consciente de este complejo panorama, hace ya un rato que la mesa ampliada de la Convención no solo pidió sugerencias, sino que además solicitó a la comisión de Comunicaciones que elabore un plan para solucionar este flanco: una estrategia. “La Convención no tiene una estrategia comunicacional, una dirección de comunicaciones como lo tiene cualquier organismo, no tiene su propio relato, su propia voz, solo hay un cúmulo de información (…) Hay una preocupación de la mesa para que este trabajo se apure, todos estamos muy conscientes en la comisión, pero todo tiene su ritmo, tiene su plazo, porque se cruza esto con la definición del reglamento”, explicó a www.alertaley.cl la convencional del FA, Beatriz Sánchez.

Esta desventaja comunicacional se debe al dato no menor que la Convención se ha organizado desde cero, es una hoja en blanco que semana a semana ha ido tomando forma para preparar el terreno del debate de fondo. Además, se generó un choque entre las altas expectativas ciudadanas, el desconocimiento generalizado de cómo eran las etapas que tendría que atravesar la CC y las dificultades que ha mostrado de la realidad.
“Hay que explicar que se partió de cero, que hay que hacer reglas de funcionamiento, cuesta hacer entender eso. Muchos países con procesos constituyentes han tenido un proceso de información masivo previo a la instalación y eso aquí no sucedió, una pedagogía popular mínima de lo que va a suceder, esa responsabilidad se le dejó a la Convención. Por mientras, hay que ir a los territorios, usar las redes sociales, hacer el esfuerzo por explicar para que la gente entienda en lo que estamos. El problema es que la caja de resonancia es chica”, precisó Beatriz Sánchez.
El analista, Tomás Duval, explicó a www.alertaley.cl otro elemento que hace indispensable que la Convención tenga un relato y una estrategia comunicacional fuerte en el breve plazo: “La llamada luna de miel que generalmente se da a los gobiernos de unos 180 días, para la Convención ha sido más corta y todo indica que lo que le otorgó la ciudadanía fue solo un mes. Tiene que empezar a mostrar logros”.
Un par de hechos le jugaron en contra a la Convención estas semanas según Duval. Las asignaciones, porque por racional y necesario que sean, la gente no ve bien el tema de las platas; el reclamo por la falta de instalaciones para almorzar de los convencionales, porque la realidad de la mayoría de los trabajadores del país es esa y a veces peor y la “intencionalidad política” que el Gobierno, a través del subsecretario de la Segpres, Máximo Pavez, puso a ciertos puntos del informe sobre los gastos de la CC en el primer mes.
En paralelo a la estrategia que se defina, la mesa de la Convención -especialmente sus dos figuras más potentes como son la presidenta, Elisa Loncon, y el vicepresidente, Jaime Bassa- tienen un papel clave que jugar para equilibrar la balanza comunicacional, sobre todo para sortear las agendas propias que tienen algunos sectores dentro de la CC y las polémicas cotidianas con las que deberán convivir por meses, para evitar que eclipsen el debate de fondo. “Dar señales que den cuenta de lo que hace la Convención, tener claridad sobre los mensajes que dan y líneas políticas definidas de lo que se quiere recalcar semana a semana. El problema es que hasta ahora han sido reactivos, es entendible entre las comisiones, los múltiples temas los que surgen, las polémicas, pero deben ir un paso adelante para marcar la pauta”, agregó Duval.
El paso adelante debe ser desde ya, porque las semanas que vienen son no solo son muy relevantes para la Convención, sino que también estratégicas: de aquí al 10 de septiembre estará listo el reglamento definitivo, luego se van a conformar las comisiones temáticas que debatirán los distintos temas de la nueva Constitución y ahí se podrá empezar la discusión de los temas constitucionales de fondo.
“Nos quedan 45 semanas de trabajo. Con la propuesta de programación el reglamento definitivo debiera estar aprobado el 10 de septiembre. Las comisiones permanentes debieran constituirse la semana del lunes 13 de septiembre, probablemente comenzar a sesionar la semana del 20 de septiembre y la semana del 27 debiera ser territorial. Eso significa que recién la primera semana de octubre nos vamos a sentar a trabajar en el texto, el contenido de la nueva Constitución, cuando nos queden 41 semanas de trabajo. Igual estamos contra el tiempo”, advirtió Bassa en el pleno de este martes 17 de agosto.
Durmiendo con el enemigo
El flanco comunicacional tiene un componente que nadie discute, del que todos son conscientes, pero que a pesar de eso no siempre ha sido manejado de la mejor forma y que solo ahora se expone tal cual es: la campaña de desprestigio de la imagen de la Convención desde los sectores ligados a lo que fue el Rechazo en el plebiscito del 25 de octubre, la derecha dura, de la cual este jueves 19 de agosto habló públicamente Bassa. “Hay mucho fuego externo, hay una campaña de desprestigio que está instalada contra la Constituyente, pero tenemos que ver de dónde viene: los mismos sectores que participaron de la campaña del Rechazo, que no creen en la necesidad de las transformaciones sociales, han estado sistemáticamente orquestando esta campaña de desprestigio”, dijo en una entrevista en Cooperativa.
Desde el día uno de la Convención, el sector más conservador de Chile Vamos a intentado abollarla, cuestionarla, caricaturizarla, debilitarla. Una estrategia definida así, porque en la elección de mayo perdieron brutalmente, no lograron el piso mínimo de 52 convencionales para tener un tercio de los votos y, por ende, algún poder de veto en la discusión de los temas de fondo. Sí, son minoría dentro de la Convención, pero esa no es la realidad afuera de las paredes de la sede del Congreso y el Palacio Pereira, donde mantienen poder, influencia en los medios de comunicación tradicionales y recursos para financiar campañas de desprestigio en las redes sociales, todo con miras al electorado duro del oficialismo y el plebiscito de salida.
“La derecha del Rechazo claramente está con un libreto muy aprendido, que tiene una concordancia con los medios de comunicación tradicionales y las campañas de desprestigio en redes sociales. Una semana no se trabaja, otra semana habla de os privilegios, otra semana los convencionales nos queremos subir el sueldo, todas las semanas hay algo. Eso es fecundo, porque no hay un relato oficial de la Convención”, precisó Beatriz Sánchez.

Si bien Duval no desconoce en nada esta campaña, sí plantea que no se podía esperar otra cosa de los sectores que se han negado sistemática y enérgicamente al cambio de reglas que implica esta ruta constituyente: “La derecha del Rechazo ha sido consistente en lo que está haciendo, en criticar la Convención en su forma y en algunos temas, uno no se puede uno sorprender de aquello”.
El tema es como se maneja eso. “La ciudadanía, la gente organizada, está buscando la forma de ayudar a que la Convención Constitucional salga adelante, porque entiende lo importante que es”, explicó Beatriz Sánchez, quien contó que en la Comisión de Comunicaciones se han recibido en audiencia a más de 60 organizaciones, académicos, medios de comunicación regionales, comunales y nacionales y que todos, sin excepción, no solo han expuesto sus análisis, sino que se han puesto a disposición de la Convención.
El reloj no solo corre para la elaboración del reglamento, sino que también para zanjar y poner en marcha una estrategia comunicacional robusta que blinde a la Convención y mantenga el foco en lo realmente relevante: el debate y redacción de la nueva Constitución.





