Tomás Duval y la estrategia de rechazar para reformar: “La credibilidad está en tela de juicio, ese es el punto débil del tema”

Sobre la campaña que se avecina, el analista advirtió que “no tengo muchas esperanzas de que el contenido vaya a ser el centro, porque muchas veces los debates en plebiscitos constituyentes se transforman en temas que son muchas veces menores, y que ni siquiera están en el texto constitucional”.

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La derecha esta semana dio varias vueltas en círculo desde que el lunes la ex Presidenta, Michelle Bachelet, anunció que terminará su gestión como Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas y que la decisión la tomó, porque su familia la necesita y el país esta viviendo un momento muy importante. Rápidamente surgieron los reparos desde Chile Vamos, por el posible rol que tenga con miras al plebiscito de salida del 4 de septiembre y los partidos concentraron los dardos en su gestión en la ONU.

Bachelet es un factor para el plebiscito. Toda incorporación o acción en este escenario incierto puede ser un aporte. Ella tiene todo el derecho de hacer campaña, a manifestar su posición, obviamente mientras siga en el cargo tiene ciertas restricciones. Distinto es la opinión que se tenga sobre lo que haya hecho o no en su cargo en Naciones Unidas, ahí se equivocó la derecha en confundir eso”, sentenció en conversación con www.alertaley.cl el académico y analista político, Tomás Duval.  

Sobre el punto, agregó que Chile Vamos se apresuró, “porque incluso algunos, pensando en el rechazo para reformar, han señalado que el proyecto de Bachelet podría ser una alternativa y eso es una contradicción”.

Precisamente en esta conversación donde Duval analizó el desempeño de la Convención, profundizó en el papel que está jugando la derecha y cuáles son, tanto las fortalezas como las debilidades de las cartas que está apostando la opción del Rechazo.

-Se sabe y se ha dicho que la Convención ha cometido muchos errores, autogoles. ¿El no invitar a los ex presidentes a la ceremonia de cierre es uno de ellos?

Sí, han cometido errores propios y otros no forzados, pero la no presencia de los ex presidentes en el acto final de entrega de un texto constitucional, es un error político, porque evidentemente el nuevo texto se hace cargo del país, del proceso, de las instituciones y los ex presidentes fueron democráticamente elegidos, algunos con altas mayorías, por lo tanto, creo que es una actitud pequeña, divisoria. Quizás lo más sorprendente es que aducen razones poco claras, como temas de aforo o comunicacionales.

-Una de las razones es el factor Sebastián Piñera, que nunca apoyó el proceso y el riesgo de manifestaciones a su presencia…

-Si las normas de conducta de los convencionales van a ser protestar por la presencia de uno o más ex presidentes, de acuerdo quien les guste o no, ese sería otro error mayúsculo y eso suma votos para el Rechazo y no para el Apruebo.

-¿No es una polémica inflada interesadamente, considerando que no fueron invitados a la ceremonia de instalación hace un año y no se generó este debate?

-Pero cuando sale el texto, creo que debieran estar, más si estarán todas las autoridades de la República, y los ex presidentes son parte de aquello. Cuando restas de una ceremonia a personas, se demuestra falta de tolerancia y de pluralismo, y eso es preocupante.

-Considerando este “error”, no pocos analistas afirman que los niveles del Rechazo en las encuestas tienen mucho que ver hasta ahora con un cuestionamiento al desempeño de la Convención y no al contenido del borrador, ¿concuerdas con eso?

-Sí. Las propias encuestas dicen que la Convención tiene un 22% de apoyo, según la última CEP. Es claro que hay una percepción de la ciudadanía negativa respecto a la Convención y a los convencionales, por lo tanto, creo que eso ha sido un factor crítico.

-¿Eso se va a revertir una vez que termine el trabajo de la Convención? ¿va a primar el contenido del texto y no los convencionales?

-Uno siempre esperaría que discutiéramos sobre el contenido, que ese sea el gran debate político. Ahora, en eso no tengo muchas esperanzas de que el contenido vaya a ser el centro, porque muchas veces los debates en plebiscitos constituyentes se transforman en temas que son muchas veces menores, y que ni siquiera están en el texto constitucional. Un ejemplo, en Colombia hubo un plebiscito sobre los acuerdos de paz y se terminó discutiendo sobre el aborto, entonces, me parece que como esta campaña va a estar tan polarizada puede distorsionarse por pequeños hechos.

Lo segundo. Es medio ingenuo pensar que los convencionales no van a estar en la campaña, si son los que hicieron el texto y lo defiende. Es absurdo decir que ahora se escondan, no creo que eso vaya a ocurrir y, mucho menos, que eso suceda con los convencionales en su territorio.

-Entremos a los contenidos. Solo quedan unos cuantos plenos para ajustar el texto final ¿cómo evalúa este borrador 3.0 de la nueva Constitución?

-Se ha construido una propuesta interesante. Hay puntos que me parecen destacables, como en materia de regiones, el poder de las regiones, me parece un hecho esencial. Respecto del sistema político, hay un cambio fundamental sobre el que tengo ciertas aprensiones, el presidencialismo pierde muchas características y se crea una cámara, incluso con facultades presupuestarias. Es bien complejo, por la alta fragmentación, porque ahí pequeños partidos pueden jugar un rol más importante que las mayorías.

Hay un tema con las normas transitorias, veo una tensión, porque hay demasiados plazos y fechas para distintas cosas, y eso puede ser bien complejo de realizar.  

-¿En qué sentido?, porque la importancia de las transitorias es precisamente eso, establecer plazos y fechas para una implementación gradual, que reduzca la incertidumbre del cambio institucional…

-En eso estoy de acuerdo, lo que digo es que en este período que va desde el 2022 al 2026 hay una cantidad de plazos, que van a ser complejos de implementar en tan corto tiempo, y ahí puede haber dificultades, porque independiente de eso hay una agenda política inmediata y materias de las que el gobierno tiene que hacer cargo sí o sí. Creo que ahí va a haber una tensión en ese período.

-¿Debió ser a más largo plazo la implementación?

-Efectivamente, podría haberse dado en ciertas materias algunos plazos más largos, porque vamos a tener un texto constitucional con normas transitorias que ponen fechas, plazos, creaciones de comité, de consejos, etc, hasta el sistema electoral, más la agenda inmediata y un gobierno que tiene que llevar a cabo su programa. Ese es el escenario que veo muy complejo. Yo hubiese esperado que esa transición tuviera un mayor período de ajuste.

“La centroderecha carece de un diagnóstico claro”

-Sumando y restando ¿realmente el texto es tan malo para el futuro del país como advierten los partidos de Chile Vamos?

-Yo tengo reparos sobre ciertas cosas, pero sobre el proceso y el texto yo no diría que es malo en sí mismo. Era necesario, la gente lo votó y me parece que se entrega un texto, que evidentemente puede ser perfectible, no puede ser pétreo. Entiendo en la derecha el Rechazo, porque no les gustan ciertos elementos, pero en específico complica a Chile Vamos el rechazar, qué significa, cuál es el significado que hay detrás.

– Profundicemos eso ¿fue acertado que desde ya la derecha se alineara con la opción Rechazo incluso antes que el texto esté terminado?

-A veces hay temas de tiempos, de campañas, que complican a los partidos, pero en el fondo una parte de la derecha la tenía ya tomada, porque había votado en contra en el plebiscito de entrada, entonces era natural que eso ocurriera. Quizás hay un tema de tiempos políticos, pero efectivamente los partidos no tenían mucho más espacio para tomar definiciones, porque hay cuestiones de orden electoral -franja, campañas- que tienen que prepararse.

-En el plebiscito de 25 de octubre la derecha se dividió, pero ahora Mario Desbordes, ex presidente de RN y uno de las figuras claves del acuerdo del 15 de noviembre, se declaró en la vereda del rechazo, ¿qué efecto tiene eso?

– A ver… la derecha y la centro derecha se siente excluida del proceso constituyente, creo que eso es un déficit del proceso. Se excluyó por cuestiones democráticas, pero esa exclusión de un grupo político, que uno puede discutir cuánto pesa o no, no ha sido buena. Desde ese punto de vista, aquellas figuras de la derecha que estuvieron por el Apruebo, hoy se sienten casi conminadas a rechazar.

-Pero a pesar de esa exclusión democrática, que fue en las urnas, en la Convención una parte de la derecha -principalmente RN – jugó un rol en el debate y las votaciones, basta mirar las altas votaciones, más de los 2/3 en la mitad de las normas aprobadas…

-Sí. Hay normas que la derecha sí ha votado, que se aprobaron incluso con 130 votos, pero el punto es que quedó esa sensación y los propios convencionales de la derecha que participan lo han dejado de manifiesto. Ese sector político se siente excluido, porque no fue tomado en consideración, salvo en las votaciones y en ciertos procesos. No hubo una apertura al diálogo más allá. Ese fue uno de los problemas del proceso constituyente.

-¿Cómo evalúas el despliegue del Rechazo? ¿Hay una estrategia más inteligente que para el plebiscito del 25 de octubre?  

-Uuffff…. esperemos que sea así y que sea así la campaña. El decir que este país se va a caer, que se va a derrumbar, todo ese tipo de argumentos -que también aparecen por algunos sectores del Apruebo- son discursos que poco aportan al debate.

-¿Y el eslogan de rechazar para reformar es una buena estrategia?

Es bien complejo decir eso. Me parece que la señal es no nos quedamos con la actual Constitución, tenemos que tener un nuevo proceso, ese es un poco el mensaje que está detrás de ese rechazar para reformar, porque está claro, la misma CEP dice que si gana el Rechazo, cerca del 48% quiere que se cree una nueva Constitución, el hecho del cambio está presente, eso es claro en la percepción de la ciudadanía.

-¿Pero qué credibilidad y garantías tiene este nuevo compromiso de la derecha de querer reformar la Constitución si por 30 años bloquearon los cambios que se necesitaban?

-Sin duda que gran parte de los cambios la derecha no los hizo y ahí hay un punto super sensible, la credibilidad está en tela de juicio, ese es el punto débil del tema. La centroderecha carece de un diagnóstico claro y ese es el problema de fondo, y digo eso, porque Chile Vamos no puede tener el mismo diagnóstico que el candidato presidencial del 2021. Me parece que hay otros diagnósticos que no se han hecho y eso es lo que dificulta a la derecha hoy día.

-Si la oferta es rechazar para reformar, pero su propia historia los condena, basta ver lo que pasó en el último gobierno de Michelle Bachelet, ¿Qué asegura que después del 5 de septiembre, si gana la opción Rechazo, va a haber un camino o van a estar los votos para hacer los cambios?

Creo que una parte de Chile Vamos sí va a estar en eso y otra no, porque hay un sector conservador muy fuerte en la derecha que no quiere cambios, se resiste y más bien, pretende hacer pequeñas reformas. Yo apelo a otro sector en la derecha, que sí debiera proponer cambios concretos. Hay que darle contenidos, por eso digo que, si no se hace un diagnóstico, es difícil darle contenidos y si no le das contenidos, el problema de credibilidad se te va a volver en contra.

-Entonces, ¿el riesgo es alto que el rechazar para reformar sea un mero maquillaje?

-Trato de ser positivo. No va a depender exclusivamente de la derecha. Si gana el rechazo, tiene que haber cambios fundamentales, porque si no la ciudadanía va a volver a rechazar una nueva propuesta, porque esto va a tener que pasar por la ciudadanía, no puede pasar por un comité de expertos, sino que al final tiene que ser la ciudadanía la que decida en las urnas.

-¿Y después de tres años, tener que partir de cero otra vez no genera más incertidumbre económica, social y política?

Ciertamente, todo proceso de cambio es incertidumbre cuando no tienes las reglas, y cuando la gente tiene esperanzas que algo puede cambiar, pero sin duda, es parte de ello y tenemos que acostumbrarnos.  

-Volviendo a la estrategia del Rechazo, es evidente que un eje central es recurrir al centro político y a ex concertacionistas en la primera fila ¿es una fórmula acertada para la campaña?

-Si el Rechazo quiere triunfar, naturalmente tiene que apuntar a la mayoría y no quedarse solamente en la derecha y desde ese punto, tiene que mostrar que es más que la derecha. Tiene que lograr convocar más allá de Chile Vamos, en eso se inserta la presencia de personeros de la ex concertación.

“Estrecho e incierto”

-¿Es viable políticamente la propuesta que pusieron sobre la mesa los senadores Rincón y Walker de rebajar el quorum de los 4/7 para reformar la actual Constitución?

-Ya no veo ese tiempo político, es una manifestación de voluntades. Vamos a entrar a la campaña del plebiscito y ya no vamos a estar discutiendo sobre la actual Constitución. El tiempo ya está jugado en otro escenario.

-Lo pregunto en el escenario del rechazar para reformar, dado el rápido apoyo que le dio la derecha a esta propuesta…

-Por eso, me parece más bien una estrategia política. Es parte de la campaña, naturalmente es parte de la campaña del Rechazo y le da argumentos a esto de rechazar para reformar, es parte de eso. Si reformas los 4/7, dices bueno, qué vamos a incorporar, ¿derechos sociales?, ¿pueblos originarios?, entonces la pregunta ahí es si vamos a incorporar eso, ¿me quedo con el texto que me están ofreciendo? La ciudadanía podría quedarse con lo que le están ofreciendo.

-¿Un pronóstico para el plebiscito de salida?

-Hoy el resultado es estrecho, falta la campaña, que puede mover mucho y va a influir. Hoy todo dice que será estrecho, no podría decir que va a ganar una opción o la otra. Es estrecho e incierto, porque desde el 2013 al 2021, en las elecciones uno puede ver que hay alrededor de 5 millones y medio a 6 millones de personas, que vota en todas las elecciones, pero hay otra cantidad de personas que han entrado y salido, dependiendo del tipo de elección, entonces eso es lo que hace muy incierto el resultado.

El 2013 con Piñera en la primera vuelta dejó de votar cerca de un millón de personas y en la segunda vuelta, entró cerca de 1 millón 300 mil. En el plebiscito de entrada ocurrió algo similar, entró un millón 300. Cuando se cambió de lo obligatorio a lo voluntario, dejó de votar 2 millones 600 mil personas. Que quiero decir, hay una ciudadanía que la calificaría casi de audiencias, que de acuerdo a las circunstancias o por algunos motivos, sale a votar y eso hace incierto el resultado.  

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